Ana y Juan… o cualquiera de nosotros

, donde es más importante la buena foto que vivir el momento y la mayor preocupación es ganar la competencia del número de likes logrados o los estados más vistos, porque con eso miden la influencia que logran tener.

A pesar del mundo tecnológico y sus notables avances, la humanidad pareciera estar sufriendo un abrumador olvido del ser (del sí mismo); por ello no por casualidad seguimos sumergidos en dinámicas violentas entre familiares, amigos o parejas, nos enseñaron primero a competir y a no dejarnos de nadie, que a amar y demostrarlo; menciono todo esto porque periódicamente nos sorprenden noticias (que convertimos en escándalos) de violencias, accidentes, excesos y fácilmente nos ubicamos en el equipo de “esa es su vida a mí no me afecta” o “ cada quien se busca su destino”, en el caso de las mujeres las juzgamos afirmando “ella debió estar en su casa no buscando la mala hora” y en el caso de los hombres “ si saben que él es así, para que andan con él”, esto último hace parte de las excusas del patriarcado, donde el macho tiene licencia histórica para mandar sobre el cuerpo de las mujeres, emborracharse, ser el temido por su violencia.

Por estos días el escandalo se tituló Ana y Juan, pero en el silencio social de todos los días pueden llamarse Pedro y Luisa, María y Sergio, Diana y Jaime, etc. Y no tienen que ser novios o esposos, simplemente los puede unir una parranda, ya no es necesario un vínculo afectivo profundo, la violencia visita ahora sin ninguna condición específica.

Juan y Ana

Todos queremos ser jueces del caso, sacar conclusiones desde la suposición y jugamos a hacer justicia y a acomodar cada prueba, por ejemplo, se especula: “Muy raro que Ana esté herida y Juan ileso, si iban en el mismo vehículo”, “Ojalá ella ahora no niegue la situación de violencia y haga creer que fue un simple accidente”, “Juan parece que tiene la costumbre de coger a las hijas ajenas a golpes”, “Eso es para que cojan escarmiento los dos y reorienten sus vidas”. Todos son ejemplos de lo que hemos imaginado y expresado entre amigos o en redes sociales, lo cierto es que esto nos debe llevar a pensar que ningún acto de violencia debe ser naturalizado y que nadie merece o busca que lo violenten, esos imaginarios sociales de “ella lo provocó, ella se lo buscó… él es así” solo justifican actos que no deberían presentarse entre seres humanos.

Las circunstancias no definen

A Ana no la definen las circunstancias y tiene todo el derecho de reinventarse como lo hacemos todas las personas, ella es una gran artista, tiene un propósito especial y solo depende de su determinación cumplirlo o no; es fácil reconocer que su voz es una de las más destacadas del vallenato femenino, no hay que ser amiga de ella para describir sus cualidades artísticas; su talento es la mejor carta de presentación que puede tener y después de la situación que está viviendo no dudo en que se levante con el poder resiliente que las mujeres tenemos, tejiendo un camino de éxitos que serán absoluta responsabilidad de ella y de la disciplina que establezca en su carrera y con esto aprovecho para decir que debemos entender (en especial la juventud) que lograr el reconocimiento social implica muchas cosas y que la fama no es llevar una vida a altas velocidades, porque así como los médicos, abogados, ingenieros o cualquier profesional estudia y se prepara, un artista es un eterno aprendiz y no basta solamente la academia o la sabiduría ancestral/empírica, es un conjunto de todo marcado siempre por la disciplina y la comprensión de que nuestros actos y decisiones siempre tienen un efecto en el presente y futuro.

Lo que te digo Ana…

Solo puedo decir a Ana, que no se silencie y que lo que tenga por decir lo diga si así lo decide (sin presiones externas), que no se deje revictimizar por la maquinaria machista que se mueve con gran fuerza en la “industria artística”, que no tiene que limpiar ninguna imagen para dejar contentos a quienes siempre tienen una razón para condenar, que siga concentrada en su propósito sin distraerse por ninguna razón. Que su talento es innegable y que el mundo espera por ella.

Juan a ti te digo…

Que lo importante no únicamente salir a decir que se es inocente, sino reflexionar y de manera clara decidir (para ti y no por presión social) qué cosas no se pueden repetir y cuales cambiar; si eres inocente de cualquier acto violento y realmente fue un accidente –maravilloso–, si cometiste algún error, pues es momento de replantear las formas de actuar por beneficio propio, por tu paz interna. Que en adelante tus noticias sean musicales y no de otra naturaleza lejana a la de un artista integral.

Y termino estas letras afirmando que cada situación propia o ajena, debe llevarnos a una libre reflexión y aprendizaje en lugar de jugar a ser dioses perfectos, porque quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.