Antanas Mockus

En ese sentido, actualmente se maneja una estadística que dice: político puesto, político millonario preso.

Por lo anterior nos movemos en una interinidad que no nos deja progresar ni adelantar los proyectos necesarios para mejorar nuestra calidad de vida.

Así las cosas, nos hemos cansado al ver que estos corruptos se nos llevan hasta el dinero de la comida de nuestros niños. Y, es que además vemos como llega al cargo el julano pobre de cuna y cuando lo deja nos mira por encima del hombro pero con una mansión como vivienda en el sector de los ricos de la ciudad de Riohacha o de Barranquilla. Asimismo, los hijos estudiando en los mejores colegios de Bogotá. Mejor dicho: en La Guajira abundan las Jenny Ambuila solo que nos hacemos los locos.

De otra parte, en muchas ocasiones hemos leído a columnistas denunciando a políticos de La Guajira por hechos de corrupción. Cuando lo hacen -sus escritos- son dedicados a temas relacionados con políticos haciendo de las suyas con los dineros del erario público.

No obstante, esta vez Colombia descansa de las andanzas de los de La Guajira y se escandaliza por las de un político cachaco, pero con la contrariedad que lo sacó del Congreso la demanda de un abogado guajiro. En ese escenario, encontramos a muchos columnistas atacando al abogado por su acción como que la ley fuera solo para algunos y que el político Mockus no se pudiera tocar.

En consecuencia, la demanda contra el político-profesor Mockus se venía venir. Fuera por parte del abogado guajiro que la instauró o cualquier otro ciudadano que haya leído el código electoral: falta en contra del artículo 179 de la Constitución de los colombianos: “No podrá ser congresista: Quienes hayan intervenido en gestión de negocios ante entidades públicas, o en la celebración de contratos con ellas en interés propio, o en el de terceros, o hayan sido representantes legales de entidades que administren tributos o contribuciones parafiscales, dentro de los seis meses anteriores a la fecha de la elección”.

Ahora bien, Yo, como ciudadano del común pero muy pendiente de las andanzas de los políticos de Colombia estuve muy preocupado cuando se murmuraba a gritos que, primero por ser Mockus y segundo por estar enfermo se le podía perdonar esa falta grave en contra la Constitución.

Pero mi temor fue infundado, se me olvidaba que aún teníamos a una Alta Corte vigilante: el Consejo de Estado acaba de decidir la demanda de nulidad y deja por fuera del Congreso al exsenador Mockus.

El problema de Mockus radica en que la prensa nacional en plena contienda electoral por la Presidencia de la República, siendo candidato, sacó a relucir que uno de los más cuestionados contratos sería el firmado por él por un valor de $2.065 millones otorgado por el Fondo Rotatorio del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Y que, en medio de una entrevista en BluRadio, habría confesado un nuevo delito al aire. En este caso, al ser interrogado por la malversación de fondos por el denominado «proceso de paz», Mockus, -que recibió a través de su ONG más de 5 mil millones de pesos-, confirmó abiertamente en micrófonos que «para la paz fue necesaria la mermelada».

Mockus, un político que adquirió su fama por contraer matrimonio en un circo -¿cuál sería el mensaje?-, por creer necesaria la mermelada y por mostrar el trasero a estudiantes que lo escuchaba y que luego por esa acción que nos pareció muy original lo premiamos y elegimos en cargo público, no podía acabar bien. Se le olvidaba que ley en Colombia es para todos.

Por último, se debería pensar en las acciones a tomar en lo que pudo incidir la cantidad de votos que sacó -536.252- el exsenador y en la pérdida de la curul a los que pudo haber arrastrado.

Para concluir, siempre pensé que un político que se casó en un circo, cree necesaria la tóxica mermelada, se agarró a golpes con los estudiantes de la universidad de la que era rector y muy orondo se bajó los pantalones y les mostró el trasero a los estudiantes porque lo chiflaban, no merecía estar en nuestro Congreso.

Un abrazo a nuestro Consejo de Estado.