Así somos los sanjuaneros

Por muchos meses atrás he querido escribir esta columna de opinión, para describir de dónde venimos los sanjuaneros y adónde estamos hoy.

Es un orgullo ser sanjuanero, venimos de la más alta pureza del campo, un pueblo raizal, calificado como directos herederos de los indígenas tupes, mezclados con europeos y considerados descendientes directos de españoles. Población fundada de paso por el español Salvador Félix Arias, un 24 de junio de 1701. Creció en sus inicios de manera dispersa con la mezcla entre españoles y criollos por toda su extensa zona rural con grandes hatos de ganado y cultivando el campo. De allí nace su atávica vocación agropecuaria.

Un pueblo laborioso en sus inicios, emprendedor y pujante, explotando las potencialidades del sector agrícola y pecuario, y siempre con la mirada firme para poner a parir el campo. De allí nace su prestigio, encadenando el campo con la música. Luego sus campesinos procedentes de la vaquería y los viejos trapiches con manos encallecidas, comienzan a educar a sus hijos en las grandes ciudades, sobre todo en la capital del país.

De uno a uno, se fueron formando los primeros y más acreditados médicos y abogados sanjuaneros. Orientados en su formación espiritual por monseñor Manuel Antonio Dávila, el plenipotenciario siervo de Dios, quien dejó un gran legado católico que marcó las vidas de este pueblo para siempre. Un pueblo con una gran cultura espiritual, buen sentido de la amistad y la familia. Parecía una escuela de principios y valores al mejor modelo de Harvard o la urbanidad de Carreño.

Siempre en pleno apogeo su economía basada en el campo y combinada con la música de acordeón, de donde nacieron sus primeros repentistas y compositores. Pero hoy, este pueblo ha tenido un giro de trescientos sesenta grados, ya no se respeta ni al cura ni al alcalde, ni al padre, ni a los ancianos, ni a los mayores. Hemos caído en una sociedad antivalores y de consumo, donde todo se compra y se vende y a nada se le da su reconocimiento ni su valor. Ya no se respetan los amigos y los compadres como antes, ni se respeta al vecino ni al amigo, como si hiciera falta un manual de convivencia.

Muchos hermanos ya ni amigos quieren ser. A la mujer que antes se le halagaba con cantos su atributo y su belleza, hoy se le estigmatiza y se le desprestigia con versos y poesía. El río Cesar perdió sus encantos y su ruina ambiental produce grima y nostalgia. Lloran los montes y quebradas y el valle del río Cesar y Ranchería parecen un desierto que no tiene nada. Este pueblo hermoso que se asentó entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá y que ayer hizo de la vida una canción, hoy su misma sociedad inerme lo ve sucumbir en un holocausto de la desidia.

El problema no fue de los alcaldes anteriores, ni de quien gobierna actualmente ni de quien lo reemplace. El problema somos todos los sanjuaneros que nos resistimos al cambio, porque no cambiamos interiormente, ni destronamos ese súper ego, que no nos deja ceder ni cambiar de opinión, ni interiormente. Todavía no somos buenos ciudadanos ni buenos contribuyentes y queremos progreso y prosperidad en el pueblo como por arte de magia de quien gobierna. Porque siempre posamos de jueces y nunca nos sentamos en el banquillo de los acusados a reconocer un meas culpa por acción u omisión. Criticar y hablar del prójimo es el pan de cada día en este pueblo al derramar las auroras. Todos tenemos opinión, pero no reconocemos que tenemos muy pocas ideas del desarrollo.

Hace carrera que primero soy yo, luego yo y después yo, como en una película de egocéntricos con sangre azul. San Juan necesita hacer un alto y reflexionar y buscar su rumbo norte, pero nada será posible sin las mayorías.

Necesitamos más solidaridad en la ciudadanía, más civismo, más altruismo y mayor sentido de pertenencia por este pueblo donde descansan nuestros abuelos. Un nuevo alcalde con los mismos sanjuaneros no avanza, debemos cambiar interiormente. Como queremos que el pueblo cambie si no cambiamos nosotros y seguimos pensando lo mismo y haciendo lo mismo. En el espejo verás al único sanjuanero responsable de que esto no cambie si tú no cambias. Vamos a construir sobre lo construido. Apostemos a los consensos, a los memorandos de entendimiento, a la concertación y al intercambio de saberes. Nadie se las sabe todas.