Bloque de poderosos desenmascarados

Para el conglomerado humano contemporáneo es sabido, con más o menos clarividencia, que existe actualmente y que opera despiadadamente sobre el género humano un bloque humano compuesto por gobernantes en ejercicio, los dueños del manejo internacional de la economía mundial, los poderosos manipuladores de los medios de comunicación con todo su ejército de colaboradores adoctrinados por ideologías de desarrollo, con métodos de subyugación sicológica que ofrecen a la muchedumbre humana disfrute ficticio, satisfacciones inmediatas, consumo al por mayor, ilusiones falsificadas que hacen del género humano personas obedientes y agradecidos sujetos al sistema de dominio planetario, basta ver multitudes en los cinco continentes satisfechas con su móvil, con ilusionismo de gozo perdurable. Multitudes domesticadas donde desapareció el criterio, el análisis, la invención, la creatividad, solo existe el inmediatismo. La humanidad es una marioneta en manos de ese bloque de poderosos cuya finalidad es lograr el dominio del planeta para disfrute de pocos y subyugación de millones. Su objetivo lo van obteniendo poco a poco sin menoscabo, aparente del humano, pues operan sin oposición; ni intelectuales, ni sabios profesionales alzan su voz para frenar tamaño fraude.

Frente a este bloque se levanta desde Roma la figura pontificia del Papa Francisco para desenmascararlos, llamar la atención de cada ser humano y emprender acciones que nos puedan liberar de semejante esclavitud. El Papa Francisco dirigió hace pocos días una carta a los católicos y a toda persona de buena voluntad, titulada ‘Todos Hermanos, sobre la Fraternidad y la amistad social’, una valiente reflexión bíblico – teológica – social que desenmascara a ese bloque de nuevos “negreros” e invita a iniciativas para bloquear sus acciones y ofrece pistas para ser trabajadas solidariamente por personas que conscientes de esta realidad social, conformen un bloque opositor para desvirtuar y menguar la acción destructora de ese bloque de poderosos.

La carta que tiene una pequeña introducción en la que manifiesta el origen que lo impulsó a escribirla, tiene ocho capítulos. El primero plantea sin tapujos “las sombras de un mundo cerrado”. El segundo trae a colación la parábola del buen samaritano para plantear el trasfondo de las relaciones humanas amasada desde siglos atrás. En el tercero invita a ser consciente de la realidad de subyugación humana anestesiada proponiendo “pensar y gestar un mundo abierto” saliendo de nosotros mismos, convenciéndonos que el mundo se construye entre todos y no a pesar de todos. El cuarto capítulo “un corazón abierto al mundo entero” plantea la realidad multicultural que implica diversidades que en lugar de minar incrementan la fortaleza de una cultura universal en la que todos tenemos cabida. En el quinto capítulo el Papa trata con altura un tema sumamente álgido y picante al dirigirse al mundo político “la mejor política”.

El Papa sabe, es consciente que esta actividad humana es necesaria y que necesita de una renovación a fondo, pues ella misma, hoy por hoy, es manipulada por ideologías internacionales que los hace coincidir en el poder egoísta de unos pocos a costa de la pobreza creciente del resto de la maltratada humanidad, que necesita no de ideologías esclavizantes, sino de planes liberadores. En el sexto el Papa afronta su propuesta “Diálogo y amistad social” que debe generar una nueva cultura, que sepulte la cultura de la muerte. Propone un trabajo en equipo para llegar a consensos que gesten generaciones nuevas y comprometidas.

El capítulo séptimo son las líneas que el Papa Francisco ve indispensables para el cambio y así frenar las insidias de aquel bloque humano despiadado de dominadores persuasivos. Titula “caminos de reencuentro” donde la verdad, la paz, los pobres, el sentido del perdón, la memoria cualificada tan recriminada y perseguida por los del bloque de poderosos, la justicia, el valor ineludible de la vida, son senderos que hemos de volver a caminar.

Finalmente, el capítulo octavo propone que “las religiones estén al servicio de la fraternidad en el mundo”. Este es un poder dormido que hemos de despertar. La religión no es el opio del pueblo, es la conciencia de trascendencia que duerme en el ser más profundo de cada ser humano, pues todos procedemos y tenemos el mismo origen en el divino Creador. La religión y la creencia que ella posee son y serán el punto de referencia de unión de fraternidad para el género humano. Mientras la política divide, el sentimiento religioso está llamado a ser el vínculo de unidad de todo ser humano, aunque el sujeto de sus creencias sea diverso. El texto completo es un poco extenso pero vale la pena leerlo, pensarlo, analizarlo y decidirse a convertirse en miembro de un bloque de humanos decididos a liberarnos del bloque de poderosos inhumanos.