Brujitas, ahorros y chupetas

“En la placita de la vieja barriada, dicen que sale una brujita, yo quisiera que me saliera a mí, para ver si va a sufrir”

Es ‘La brujita’ una de las canciones más populares de Aníbal Velázquez, a ese tema musical corresponde el aparte transcrito preliminarmente, es una canción jacarandosa que suena en las estaciones de radio de todo el país a propósito de la celebración del que en estos tiempos llaman ‘El día de las brujitas’.

A propósito de la celebración de esta fiesta que usualmente alborota a los muchachos que se disfrazan, comen helado y salen a las calles a pedir dulces, confites, bombones y chupetas, recuerdo que cuando estaba niño esa fiesta no existía, se decía que era ‘El día del ahorro’ y por ese motivo papá cada año para ese día me llevaba un nuevo chonchito para cambiar la alcancía, en los almanaques de la ‘Farmacia del Pueblo’ que se colgaba en mi casa en una puerta tenía en esa fecha el dibujo de un puerquecito gordito que parecía criado con suero, nada de Halloween, día del niño ni nada de eso.

Igual cada vez que llegaba ese día mi vieja nos repetía la historia de la noche del 31 de octubre cuando comenzaron los dolores del parto que terminaron al amanecer del primero de noviembre con la llegada de pie de Amylkar, mi hermano, nos contaban ella y la Tía Negra que aquella noche estrenando mi vieja su casa de zinc de alto caballete que era un cache en aquellos tiempos, eran las doce de la noche mientras Julia Estrada ‘La Comadrona’ hacia las maniobras usuales para viabilizar la llegada sin novedad de la criatura, iluminada por una lámpara de querosín los presentes fueron sorprendidos por un estruendo al impactar algo grande y pesado contra el techo, me dijo mi tía que sintieron como si la casa se hubiera estremecido, todos se asustaron menos la partera quien pidió calma porque ella sabía de que se trataba, y a solas y en medio de la oscuridad salió al patio y comenzó a decir una cantidad de cosas que nadie entendía como si se lo estuviera diciendo a alguien, de inmediato escucharon quienes adentro quedaron asustados cuando algo pesado resbalaba sobre las ruidosas láminas y súbitamente desapareció, de inmediato esa viejita volvió a entrar y le dijo a los presentes, “Aquí no vuelve esa sinvergüenza, era una bruja que venía a trastornar el parto a la pelá”, poco rato después cuando ya comenzaba el nuevo día Amylkar pero no vino de cabeza sino al revés, fue cuando la partera al recibirlo dijo “Este hombre va a llegar muy lejos en la vida, nació de pie” , por lo sucedido mi vieja decía sobre las brujas, que existían porque la mente de la gente es poderosa para el bien y también para el mal.

Mi abuelo nos contaba que en esos pueblos se hablaba frecuentemente sobre la existencia de brujos y de brujas en la región, se decía que habían en Cerrillo unos animes que se apoderaban de los cuerpos ajenos para hacer bromas y maldades, que aparecían en los bailes, bailaban con las mujeres y al día siguiente cuando a la persona le hablaban de la fiesta decían que nunca estuvieron allí, en fin la gente creía en todas esas cuestiones de menjurjes y hechicerías.

Efraín Arregocés q.e.p.d. mi suegro, que era hombre de fe y verdad, de aquellos que cerraban los negocios con un apretón de manos, me contó que en Manantial, un caserío que desapareció cerca de Calabacito “Hoy Municipio de Albania” había un hombre que “sabía mucho”, que había aprendido muchas oraciones, trucos y malabarismos, y todo mundo en la zona decía que era brujo, y sucedió que para las fiestas de San Rafael estaban parrandeando, y en la madrugada uno de los parranderos dijo que tenía que ir a ordeñar unas vacas, todos estuvieron de acuerdo para ir con él y seguir la parranda, estando en el sitio en el monte mientras ordeñaban, la botella de chirinche que llevaron se acabó, el brujo dijo que no se preocuparan y se acercó al arroyo que por allí pasaba, enterró la botella en la arena al lado de la corriente y regreso a donde estaban los demás, un rato después, les dijo que iba a desenterrar la botella que ya el ron había llegado, y para sorpresa de todos, cuando el tipo la desenterró estaba llena nuevamente y la destaparon y era chirrinchi, me dijo que más de 50 años después, el seguía todavía preguntándose como lo hizo, y el complemento fue que cuando le preguntaban al misterioso tipo como lo hizo, les dijo, que cuando llegaran de regreso a calabacito lo entenderían, con ellos llegó directo a la casa de una señora que vendía el ron, y le dijo a la dueña del negocio, “aquí tiene los vente centavos de la botella que le debo”, ella extrañada le dijo “yo no le he fiado a usted” y este ripostó “vaya al baúl y cuente que ahí falta una botella de ron” la vieja sacó un mazo de llaves del “ajustador” y entró al aposento, de allá regresó extrañada, confirmó que la botella faltaba pero no sabía en qué momento se la había entregado, tampoco a ella le quiso explicar como lo hizo se la pagó. El viejo ‘Fracho’ se fue a los aposentos celestiales con ese misterioso episodio en su mente al que nunca encontró explicación.

Lean esta vaina de día, porque de noche de pronto se desvelan. Se las dejo ahí.