Candidato orador

Una de las cualidades que debe tener un candidato a una corporación pública es su capacidad de oratoria, pues así se le facilita transmitir el mensaje a los electores, como uno de los caminos para motivarlos y convencerlos.

Ahora bien, si el candidato no es un orador experto, puede utilizar otras herramientas de comunicación. Y, si es un orador innato, puede perfeccionarse con técnicas modernas del marketing. Lo importante es saber comunicarse con el elector en forma eficaz. En el análisis Dofa, es lo que se conoce como una fortaleza frente a los otros candidatos.

La historia tiene buenos ejemplos de grandes oradores: Pericles, Demóstenes, Sócrates, Aristóteles, Alejandro Magno, Julio César, Cicerón. En la época moderna, Churchill, Lincoln, Gandhi, John F. Kennedy, Martin Luther King, Mandela, Obama. En Colombia, Gaitán y Galán, entre otros. Jesucristo no fue un orador, sino un predicador con un modo de comunicación especial: la parábola, una historia narrada que envuelve una enseñanza.

Sobre este tema José Rodríguez Iturbe, en su libro. “Maquiavelo y el maquiavelismo”. Editorial Temis S.A, comenta lo siguiente: “La retórica política es el canal de la libertad de palabra; del planteamiento de tesis sobre el pasado, el presente y el futuro del pueblo donde el actor político se mueve; es el instrumento necesario de la crítica y del debate; es la manera del diálogo; es la vía que se utiliza para la imprescindible relación humana, que más que imagen es palabra, encuentro, posibilidad, en el respeto mutuo, de descubrir siempre que ser adversarios no implica ser enemigos.

En el debate político la oratoria no solo es importante, sino que resulta insustituible. En la oratoria, la forma y el fondo resultan, a menudo, inseparables. La elocuencia brota de la claridad de las ideas que se desea transmitir y de la convicción de quien las tiene. El orador político no busca solo manifestar su razonamiento: se dirige a anidarlo en la razón y en sentimiento, en la cabeza y el corazón de quienes lo escuchan, sean estos grupos reducidos o reunión de multitudes”.

Se tiene la concepción errada que la función del líder es hablar, hablar y hablar. Lo que distingue a un líder de otro, es su capacidad para escuchar a sus seguidores con la debida atención natural. Un candidato que sabe escuchar a sus seguidores, genera en estos últimos un mayor compromiso y empatía. Escuche, escuche y escuche. Al respecto Bob Nelson y Peter Economy (Gerencia para dummies), nos enseñan: “La ecuación de la comunicación tiene dos lados. Ya hemos hablado del aspecto en el que piensan la mayoría de las personas cuando oyen la palabra comunicación: el lado activo. Sin embargo, igualmente importante es el otro lado de la ecuación: escuchar.

Si usted no le presta atención a la persona que está al frente suyo, estará renunciando a muchas cosas y negándole otras tantas a su interlocutor. No solamente dejará de recibir el mensaje, sino que su falta de atención comunica otro mensaje muy claro: realmente no me interesa lo que usted pueda decir.