Capitales golondrinas

Amanece, de un car audio escucho una canción en el que se hace elogio a las golondrinas, un cantante entona: “Píntame una golondrina y te diré si eres un buen pintor”, pero también leo: “Dicen que cuando Cristo agonizaba llegó del occidente, a posarse en su cruz ensangrentada, un enjambre de errantes golondrinas” o los poemas de Gustavo Adolfo Bécquer: “Volverán las alegres golondrinas”.

Estas golondrinas son inspiradoras, cándidas y bondadosas, inclusive auxiliaron al redentor de la humanidad. Pero de esas golondrinas no voy hablar, voy a hablar de los capitales golondrinas, recursos cuantiosos que apoyados en la tecnología, y en la globalización financiera vuelan buscando en cada bolsa de valores la mayor tasa de rentabilidad. Esto es, obedecen una lógica especulativa. Esto acontece cuando existen condiciones que garantizan buena rentabilidad para inversionistas foráneos, una vez se lucran buscan otro mercado.

Estas capitales tienen poco control estatal, no tributan, vuelan alto, por ello su comparación con las golondrinas no es ocasional. El símil es correcto. Viajan de Londres a Tokio, de París a Mozambique, de Barbados a Bogotá. Es decir aterrizan y vuelan cuando exista una oportunidad mejor. Como lo dijo alguna vez Alfonso López Michelsen, son los jinetes del Apocalipsis viajando de continente en continente.

Estas golondrinas no tienen nido, pues el capital financiero no tiene nacionalidad y carecen de cédula de ciudadanía, ni siquiera se arropan con los colores de las potencias, su única identidad es el capital y los bancos. No necesitan visas. Los agentes de bolsa y corredores hacen su agosto. Son individuos eficientes, indolentes, no tienen escrúpulos, se valen de la información oportuna, eficaz y coherente. En gran medida manipulan, son unos oportunistas, pero son actores virtuosos dentro de la lógica del capital financiero. Tampoco le faltan aliados locales. No se les puede cuestionar, ellos solo hacen su trabajo.

Para que esto sucediera tuvo que haber un alto desarrollo de las telecomunicaciones, del procesamiento electrónico y de la transmisión de datos, del tiempo real, de la misma manera requieren del montaje de una serie de mecanismos coercitivos para movilizar las ganancias en términos reales y no virtuales. Pero además de la modernidad de este ambiente financiero se necesita del hambre voraz de los colocadores que buscan rentarse.

Esta hambre es vieja, es la ansiedad natural del hombre por obtener más, más rápido y en forma más libre. De la misma forma, para manejar los capitales golondrina se requiere tener una mentalidad postmoderna, utilitaria y sagaz. Ser un bussinesman, pero también puede ser un rentista aficionado con ínfulas de apostador. Contrario a lo que creen los críticos del capitalismo financiero su comportamiento no se puede medir con normas éticas o morales, pues su oficio es ganar.

Yo había aprendido que existían capitales golondrinas, me lo había enseñado el expresidente López en un bello texto. Pero lo que no sabía es que existiesen los candidatos golondrina con las mismas características. Fue un descuido teórico o una lectura incompleta, o siendo benévolo consigo mismo, no lo recordaba adecuadamente.

No había leído a Max Weber bien, en el Político y el Científico. Según este sociólogo, el candidato posmoderno es un empresario, ya no es un caudillo, ahora es un político profesional, al igual que el rentista busca lo suyo, de la misma manera que lo hace el capital golondrina, mañana estará en otra bolsa de valores.