Carmen de Flórez, un ícono de la excelencia académica

De luto se quedó hasta el cielo cuando se apagó la luz de una estrella que siempre permaneció encendida para darle brillo a la luz de muchos riohacheros. Murió recientemente la seño Carmen de Flórez, maestra y madre de muchas generaciones de este departamento.

Quien en vida fuera orientadora y guía con un estilo único y original de la enseñanza magistral de mis hijos Humberto Miguel y Rafael Humberto, en la básica primaria del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

Con un perfil impecable y señorial, igual que su ortografía y caligrafía, como para ponérsela de ejemplo a futuras generaciones. La conocí como un ser humano maravilloso, único e irrepetible. Siempre hizo gran empatía con sus niños amados. No corregía con coscorrones, ni con castigos, ni con reglazos al estilo antiguo, sino con una mirada reprendedora y discreta, que era suficiente para que sus discípulos la entendieran. Qué tristeza y qué pérdida tan grande e irreparable, tantos sueños y tantas vivencias y hoy la seño Carmen está reducida a un ataúd con ese ruido sordo y cada vez más triste de la muerte. Tan activa y tan dinámica como era.

Hoy pienso que personas como ella no debieran sepultarse sino sembrarse, para que, como los árboles, sigan dando sus sombras y sus frutos y echen raíces, para que se beneficien otras generaciones. Con lágrimas en los ojos mi hijo menor, Rafael Humberto Junior, fue a la catedral de Riohacha a despedir a uno de sus personajes favoritos, a uno de sus superhéroes, porque la seño Carmen fue en vida un modelo a seguir para él, el más caro orgullo que pueda sentir un alumno por su maestro. Porque siempre para los padres y nuestros hijos destilaba respeto, sabiduría y enseñanza. Siempre la vimos con mucha fuerza de carácter para reprenderlos, pero siempre como toda madre se mostró accesible a sus caprichos. Por todas estas calidades humanas, morales e intelectuales de la seño Carmen en vida, en adelante consideramos que sus alumnos deben honrarla, llevando de la mano la antorcha del juicio y la superación para que ella sonría en el cielo y siga guiando a este pueblo y a su institución a la que tanto amó y posicionó, como un referente de la ciudad de Riohacha.

Hoy aprovechando esta columna de opinión en el diario más leído del Departamento, quiero darle las gracias a su voluntad indeclinable, a su dedicación y esfuerzo, por su amado Colegio, El Sagrado Corazón de Jesús. Porque allí nuestros hijos pasaron junto a ella, quizás sin proponérselo, los mejores días de sus vidas. Además, esa institución de carácter privado se ha convertido en un colegio con los más altos estándares de calidad del Distrito de Riohacha y esperamos que se siga manteniendo así. Gracias seño Carmen por librar esa batalla con la muerte para seguirle sirviendo a la sociedad aún a sus 91 años de vida. Gracias por su paciencia con nuestros hijos para enseñarles el abecedario y a deletrear las primeras lecciones de la primaria. Gracias por el medio siglo de vida institucional del colegio y también por sus concursos inolvidables de ortografía. Gracias por formar un excelente estudiante que hoy le sirve a la patria como ministro de Vivienda como lo es Jonathan Malagón.

Gracias por su liderazgo para fundar el Colegio Sagrado Corazón de Jesús. Gracias por su espíritu altruista y progresista del que siempre contagió a padres y estudiantes. Gracias por mostrarles a nuestros hijos la ruta de la excelencia académica y la responsabilidad. En nombre de los padres de familia, de la sociedad en general y el mío propio, deseo que en el cielo encuentre la dicha que en la tierra le hayamos negado y el descanso eterno también a su labor. En nombre de toda la familia corazonista le doy un hasta luego seño Carmen, porque estoy convencido que en la eternidad nos volveremos a encontrar. Paz en su tumba y que el padre eterno la reciba con los brazos abiertos en los aposentos celestiales.

A su familia, les deseo que Dios les conceda resignación cristiana y que comprendan, que la alegría y el dolor son la esencia de la vida, y les recuerdo que, la seño Carmen no ha muerto, sino que duerme eternamente.