Carmen Mercedes Peralta Rivero

San Agustín, patrono de los fonsequeros, llamaste a una maravillosa, generosa y emprendedora mujer, junto con sus hijos. Su lenguaje más elocuente, fértil del amor, vive en las familias de mi tía Carmen Mercedes Peralta Rivero; grandezas reflejadas en los ancestros y patrimonio de su bella tierra Guajira, líder moral, espiritual y social. Un templo sagrado de vivencias culturales y morales fue ella: ‘tía Came’.

Tú mereces lo mejor de las almas bondadosas y Dios se manifestó en su dulce y noble corazón, la recompensó con tanto amor que le brindaste a los que solicitaban la presencia de una radiante mujer, amiga, esposa, madre y abuela. Eres irremplazable, don de esperanza, de fe y valores para sus hijos, hermanos, familiares y para todos los que la tratamos con mucho respeto.

Su nombre posee un símbolo de fidelidad mítica por tu altruismo, solidaridad y vocación de servicio humano; su humildad brilló con luz de gratitud sagrada en los pueblos de La Guajira, brisas de fantasías melodiosas y caricias como las pocas aguas del río Ranchería y el Sur de La Guajira, región perfumada por la nobleza de la Serranía del Perijá y los entornos fonsequeros antología de la Bula del Retorno.

Nació para servir en sus años, llenos de gloria, paz y sacarificación, manantial de vidas generosas en nuestros corazones y que hoy eternamente en el pedestal eterno, junto a sus hijos, Carlos, Jesús, Jorge mi padre Daniel Peralta, hermano, Francia Dolores; tía Lola se trataba con tía Came como hoja seca por cariño; tío Tomás, Bertha, mama Yaya, mi abuela, juntos a mi madre Francisca ‘Kika’ Mendoza (q.e.p.d.) Elvira Brito, méritos de vida eterna. Tía Came, eres ese libro de poemas de excelsas virtudes gratificantes con cantos celestiales que llegaron a nosotros como la estrella silenciosa de amor eterno; había en su voz gestos y talentos, el dulce acento de la ternura y una suave sonrisa de felicidad como diademas y sus manos llenas de sueños que tejía con su mente, el encanto de la esperanza, fabricando con sus realidades pétalos de dulzura que cultivaba para su gente jubilosamente. Repartía en familia como panales de su hogar; madre, abuela, esposa, suegra de ese tronco familiar, gozaban con sus alabanzas la eterna gratitud de sus hijos, patrimonio moral de excelsas, Amparo, Manol, Alberto y Rebeca vivos, gloria al Señor de los Milagros, muy católica y practicante.

Les brindo estas modestas y sencillas palabras de agradecimiento y lealtad en su vida, compartiendo el dolor donde dejaste la cumbre de la montaña sagrada del Patrono de los colombianos, el Sagrado corazón de Jesús. Amén. Que irradia esperanza, sosiego y templanza a esta querida y adorable mujer, para que desde el cielo majestuoso derrame a tan maravillosas familias, la fortaleza necesaria para seguir luchando, creciendo en beneficio de nuestra comunidad, solidariamente de todas aquellas del árbol genealógico de los Peralta Brito y demás familias engrandecidas de Dios.