Ciénaga, raíz precursora del vallenato

Ecos del Córdoba fue fundada en 1935 por Víctor Roberto Pereira el día que murió Carlos Gardel en un accidente aéreo en Medellín. Por supuesto, ese 24 de junio esta noticia inauguró la emisora, que después se llamó Ondas del Magdalena y más tarde La voz de Ciénaga, la que el 18 de enero de 1942 se llevaron por dificultades financieras para Sincelejo con el nombre de Radio Sincelejo. Dulzaina, marimba,  guacharaca, caja, maracas y los cortadores de acetato. En Ciénaga, como en toda esa comarca macondiana, también había conjuntos de dulzaina. El de Carlos El Mocho Noriega era uno de esos. Tocaba una Honner acompañado de los Arrieta: Adolfo en la marimba, (igual a la de los bailes cantaos de los negros del canal del Dique y a la de la Pelotica de Fonseca de José María Sierra Mendoza o “Mordisco é Burro”, que en esa época era el contrabajo); Lorenzo en el tamborito y Manuel con las maracas. Esta agrupación fue la primera que se presentó en la incipiente radio cienaguera.

En 1946 tres tipos en Ciénaga con dulzaina, caja y guacharaca grabaron el paseo ‘La vida mía’ en una casa disquera doméstica y muy rudimentaria que ellos le decían cortadora de acetato. Los tres músicos eran Pedro Jiménez, en la dulzaina; Erasmo Ceballos, en la guacharaca y Daniel García, en la caja. La guacharaca también era igual a la de los negros del Canal del Dique. Orquestas y papayeras.

Como en el resto de las ciudades y pueblos costeños de cierto respeto, también había en Ciénaga orquestas para bailar en salones populares, como es el caso de la Orquesta Ritmo Costeño Jazz Band y bandas papayeras a las que llamaban “pitofleros” o “chupa cobres”. Fábricas de guitarras. En Ciénaga había fábrica de guitarras. Su tradición guitarrera la pierde en tiempos ya muy lejanos. Lo cierto es que Alberto Bornachera, carpintero de profesión, hizo la primera guitarra, que un mecenas –un ilustrísimo hijo de Ciénaga, autor de su bello himno, el escritor, periodista y humanista Darío Torregrosa Pérez– le regaló a un pelaito mono muy pobre que parecía un gringo y que andaba con guitarra prestada apareciéndose en la emisora haciendo las delicias del público. En la emisora había un radioteatro donde presentaban varios eventos musicales y programas culturales, y hasta concursos.

Por allí desfilaron dúos, tríos, solistas y cuartetos, cantando y tocando con bandolas, tiples, claves, banjos, violines y guitarras –acordeón muy poco o nada, no gustaba en Ciénaga–, pasillos, bambucos, valses, boleros, tangos, rancheras, sones y danzonetes. También, música propia, música de la región, que ya empezaba a darle una identidad musical a Ciénaga. Ellos, los cienagueros, empezaron desde abajo esa formidable construcción, que luego el muchachito guitarrero, el monito ese al que le regalaron la guitarra le dio consistencia y sabor.