Cleptocracia: dominio de los ladrones

Por Luis Hernán Tabares Agudelo

Según el diccionario de la Real Academia Española, Cleptocracia es un sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos. 

El fenómeno de la corrupción no es nada nuevo. Es uno que si bien es cierto en las últimas décadas ha tenido mayor impacto, tiene análisis desde la antigüedad. Pensadores como Aristóteles escribieron obras con relación al tema. En Roma cuando se crearon las primeras instituciones para combatir este flagelo pretendían disminuir estos actos. Asimismo, surgió la ley de las XII tablas. La número 8 nos hacía alusión a los denominados crímenes y se señalaban los actos de corrupción judicial.

Con la Lex Calpurnia se pretendía sancionar los actos de corrupción electoral. Con el crimen repetundarum, que hizo alusión a los delitos de corrupción, cohecho o tráfico de influencias, se establecieron una serie de tribunales permanentes llamados quaestiones perpetuaes cuyo cometido fue el de investigar todas estas malas prácticas y extorsiones de los gobernadores provinciales que habían sido denunciadas por los ciudadanos. La Lex Iulia sancionaba a los funcionarios que mediante el ejercicio tenían beneficio del poder. El crimen maiestatis, definía los abusos por parte de los senadores y magistrados. El crimen peculatus hacía referencia a la malversación y apropiación indebida de fondos públicos. El crimen ambitus, describía la corrupción electoral, especialmente la compra de votos.

En Roma la codicia de los funcionarios, el clientelismo, el abuso de poder, las mordidas y el enriquecimiento personal no tenía límite. Los gobernadores comenzaron a enriquecerse sin escrúpulos a través del cobro de impuestos excesivos y la apropiación de dinero de la administración pública.

Otro aspecto importante es que la corrupción afecta gravemente a aquellos preceptos de Ulpiano: “Vivir honestamente, no hacer daño a otro y dar a cada uno lo suyo”, que son  básicos en nuestro sistema jurídico germánico-romano-canónico, pues quien comete actos de corrupción no podrá vivir honestamente, hace daño a otras personas y por último comete actos injustos. 

La metástasis de la corrupción se da –según el FMI– porque cuesta a nivel mundial 2 billones de dólares al año. En Latinoamérica la corrupción se lleva 142 mil millones de dólares cada año y en Colombia –según la Procuraduría– le cuesta al país 50 billones de pesos al año: casi un billón de pesos por semana. 

Ahora que estuvimos los colombianos en la disputa con los políticos por el  IVA a los productos de la canasta familiar, la solución no es el aumento de impuestos, pues ligeramente nos damos cuenta que es atacar de fondo este flagelo y si reducimos la corrupción a la mínima expresión no tendríamos que aumentar los impuestos.

La corrupción tan descarada en Colombia tiene un fuerte impacto en los derechos económicos, sociales, culturales y políticos. Además afecta la democracia, golpea muy duro al Estado Social de Derecho y a los derechos humanos.

Los políticos en nuestro país de corruptos evolucionan a cleptómanos amparados en el mensaje que les dimos con la victoria del No en la reciente Consulta Anticorrupción. Pero no podemos dejar de luchar: fortalecer los entes de control, votar bien y elegir solo los mejores.