¿Cómo se nacionalizó el Roque de Alba?

A mediados del mes de julio de 1965 me desempeñaba como personero de Villanueva, por el Partido Liberal. Una mañana muy temprano abrí mi oficina y la sorpresa fue grande. Encontré en el tintel de la puerta un marconigrama redactado por el parlamentario Luis Beltrán Dangond Ovalle, desde Bogotá.

En dicho marconigrama me solicitaba urgente que le tuviera lista y registrada la escritura del Colegio de segunda enseñanza ‘Roque de Alba’ de Villanueva, a un enviado del Ministerio de Educación que llegaría al día siguiente (18 de julio) a recogerla.

Afortunadamente el personero municipal a quien reemplacé en ese cargo Ospicio Martínez, ya tenía lista la escritura, pero sin registrar. Le solicité al alcalde Víctor Hernández Parodi, un auxilio para gastos de viaje y pago a Registraduría de Valledupar.

Me envió a donde el tesorero municipal Julio Daza González para que me diera para los gastos. Pero… la tesorería estaba en esa oportunidad más limpia que las aguas del Manantial de El Molino. Me coloqué la escritura debajo de mi axila izquierda y bajé del segundo piso del Palacio municipal hacia la calle.

¡Aquí no hay otra manera! –pensé– sino pedir limosna a los villanueveros para correr a Valledupar porque el tiempo era premisa; divisé al señor Zadala Yamin sentado en el jardín de su vivienda. Le pedí su ayuda y me regaló 20 centavos, es de advertir que 20 centavos de la época en mención, valían.

Luego, en su casa me encontré con Raúl Lafaurie, le expresé en el apuro en que andaba. Sacó su chequera y firmó un cheque por 10 centavos del Banco de Bogotá. Su señora esposa Socorro Fernández se dio cuenta que apenas su marido estaba firmando un cheque por 10 centavos y dijo: “hay ‘Raúl, ¡hágalo siquiera por 20!”.

Recibí el cheque, atravesé el parque y en la esquina de la Caja Agraria ubicada en lo que es hoy el edificio de Sansón Martínez Rincones, encontré al millonario José Bolívar Mattos recostado en la pared del local antes mencionado. Le manifesté en las vueltas en que andaba y le pedí su colaboración.

“¡Bueno Jesús Ramírez, ¿tú crees que soy idiota? Yo con Villanueva no quiero nada… siempre dejo mi carro Willys y en un descuido alguien me rompe la carpa, de modo que no cuentes conmigo”.

“Hombre José Bolívar, la ayuda es solamente 20 centavos”, le manifesté. “Nada. No te doy ni cinco”, me dijo y con ironía le respondí:

“Bueno José Bolívar, que no vaya a estudiar un hijo tuyo en el Roque, te lo vamos a votar no lo dejamos estudiar”. “No importa”, dijo… “yo tengo plata para mandarlo a Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla, en el Roque no va estudiar él”.

Claro, era un cañazo que le estaba metiendo a Bolívar, en realidad no era esa nuestra intensión. Pero es importante señalar que el hijo de José Bolívar, natural de Urumita, de nombre también Jose Bolívar Mattos Herrera, se matriculó en el Colegio Roque de Alba y allí termino sus estudios de bachiller y un poco más tarde entró a la Universidad Libre de Barranquilla. Y hoy, es un prestigioso profesional en la rama del saber.

Para seguir la historia, partí a paso largo a cambiar el cheque que me diera Raúl Lafaurie de 20 centavos al Banco de Bogotá. El Banco estaba situado en lo que es hoy el almacén de miscelánea de propiedad de Hernando Gutiérrez en la calle 14 de esta prestigiosa ciudad.