Conciencia o clientelismo electoral, la compra del voto

Los guajiros hemos sostenido el clientelismo como una forma de hacer política, convirtiendo los procesos electorales en un mercado de conciencia donde el intercambio de bienes y dinero se centra en el voto. El elector en este circo no es un ciudadano con derechos, sino un objeto asequible al mejor postor, perdiendo su esencia.

Quizás la pérdida de identidad y cohesión social han contribuido a que el elector no se asuma así mismo como un ser humano con dignidad y derechos, o bien los desequilibrios de un sistema económico que obliga e induce a sus ciudadanos a ser más dependientes a través de puestos, subsidios y prebendas. La verdad es que la administración de la cosa pública ya no es un asunto de técnicos, letrados o de interés nacional, departamental o municipal, sino de quien tenga acceso a recursos, influencias y del que el político de turno, diga “este es”. Esto no es de ganarse el espacio por esfuerzos o por un programa de gobierno sino por la gran dosis de maquiavelismo político.

La conciencia electoral se ha proyectado de manera incorrecta. Ahora, en las mentes de los ciudadanos el conocimiento responsable y personal en un proceso electoral, solo pasa por el deber de votar, obviando que antes de la obligación individual, la conciencia implica el conocimiento del por qué lo hace. Nos preguntamos ¿qué tipo de conciencia es la que mueve al electorado guajiro a votar?

Al observar algunas figuras políticas reelegirse una y otra vez en diferentes espacios, lo que no es malicioso en sí mismo, hace sopesar su producción legislativa, laboral, sus actuaciones políticas, en fin su proceder a partir de su posición ganada por el cargo ejercido, además de darte cuenta de que aumentaron sus arcas personales o utilizan los recursos del Estado para actividades electoreras, en ese sentido, no es justo que sigan eligiéndose por una población que sufre pobreza, escasez económica, desorden urbanístico y administrativo, inseguridad y muchos otros flagelos sociales permanentes dentro de los periodos en que han sido electos. Amigo elector debes cuestionarte, ¿cuál es el análisis que haces cuando te dispones a votar en un proceso eleccionario?

En este contexto, no podemos perder de vista que este derecho humano a la participación ciudadana trasciende como conquista social para construir un buen gobierno, condición que debe ser ponderada en las plataformas programáticas de partidos y candidatos, como génesis del poder público, que permita preservar a la democracia en sus dimensiones electoral y participativa. La inopia política de la incertidumbre democrática debe terminar.

No puede ser una constante o una simple costumbre aliarse a determinado candidato solo por el bendito dinero, solo por lo que el que tiene el recurso es el que puede llegar, olvidándose de lo que propone para los cuatro años de su administración. Para muchos eso no importa, lo que importa son los recursos que disponga para ser apoyado. Y cada cuatro años experimentamos lo mismo y La Guajira y cada uno de sus municipios en decadencia.

No puede decirse que el elector no está informado de que su candidato(a) ha sido cuestionado con razón o sin ella, situaciones estas que parecen no tener mayor relevancia frente al hecho de que esa misma persona regale un bono de mercado, o por los miserables 50 mil pesos, aunque sea un día del año en el periodo de cuatro años o bien en la nueva tendencia de construir mega obras para solidificar la razón errada de que ‘robó, pero hizo’.