Contrastes del 21 de noviembre

Este 21 de noviembre, por un lado se cumplieron 117 años de haberse terminado la fatídica confrontación intestina sin justificación alguna y por demás inútil desde la perspectiva que lo analicemos entre liberales (muñones) y conservadores (godos) que la historia registra como la ‘Guerra de los Mil Días’, la que se inició en el departamento de Santander el 17 de octubre de 1899 y se prolongó hasta el 21 de noviembre de 1902, cuyo centro de gravedad poco a poco se desplazó hacia un tercio del norte colombiano, que comprendía para la época, los dos departamentos de mayor importancia: Bolívar al oeste con su capital la histórica Cartagena de Indias y el Magdalena Grande al este cuya capital Santa Marta con un puerto de enorme significación como el de Cartagena, siendo además lugares de enclave para esta fratricida contienda bipartidista todos los pueblos que la circundaban como El Carmen de Bolívar y Mompox por un lado y por el otro Ciénaga, Aracataca, Valledupar, Riohacha, Villanueva, Barrancas y San Juan del Cesar.

Este bélico, estéril y enconado enfrentamiento que se prolongó por 1.128 días, de ahí su nombre de Los Mil Días; dejó un saldo de más de cien mil compatriotas muertos, mujeres viudas, hijos huérfanos, paralizado el sector agrícola, quebrado el comercio y la industria y de contera el país en ruinas; se comenzó a fermentar cuando el Directorio del Partido Liberal en 1897 tomó la determinación de convocar a una Convención Nacional con el objeto de revisar la conflictiva situación de división en que se encontraba esa colectividad entre radicalismo (guerreristas) y regeneración (pacifistas) y plantear la posibilidad de volver al poder.

Esa soberana instancia del liberalismo dejó la dirección en manos del doctor Aquileo Parra Gómez, que fungía como presidente del Estado de Santander. Le concedieron amplias facultades para decretar la guerra civil bipartidista si no se llegaba a un acuerdo con la administración del presidente conservador Miguel Antonio Caro Tobar y no tomar las armas; tesis que no fue aceptada por algunos de sus correligionarios que hacían de la guerra su máximo objetivo para arrebatarle al nacionalismo el gobierno, entre ellos el belicoso pero carismático general Rafael Uribe Uribe, con el propósito de restablecer a hegemonía liberal que desde 1849 de prolongó hasta 1885.

Aterrorizados y arrepentidos los combatientes por los funestos resultados de tan inútil confrontación que fue la última y más devastadora de una veintena de guerras civiles y locales que habían arrasado a Colombia durante el siglo XIX libradas entre liberales (cachiporros) y conservadores (pájaros), centralistas y federalistas, la burguesía y los terratenientes o entre la capital y las provincias; terminó con la firma de los pactos de Neerlandia y Wisconsin. El primero, paradójicamente, se firmó en la costa Caribe un 21 de noviembre de 1902 bajo un árbol llamado ‘El Campano’ a la entrada de la hacienda ‘Neerlandia’, ubicada en la zona rural de la jurisdicción de Ciénaga (Magdalena) en la margen izquierda sobre la Troncal del Caribe. El segundo tratado se firmó y verificó en Panamá en la misma fecha a bordo del vapor “Almirante Wisconsin” de la armada estadounidense.

Este 21 de noviembre narrado hace contraste con el reciente 21 de noviembre en el que el actual presidente de Colombia, Iván Duque Márquez, le tocó afrontar una auténtica protesta legítima por las circunstancias adversas que atraviesa el país. En la que participaron casi todas las agremiaciones de toda naturaleza para darle a conocer al mandatario nacional la crisis institucional que paulatinamente se está gestando y el descontento que tenemos sus gobernados por las inconsistentes políticas de gobierno que se han y se quieren seguir implementando. Por los desatinos que han tenido hasta ahora sus colaboradores inmediatos y los desafueros que cometen los dignatarios que nos representan a nivel internacional.

Este paro multitudinario del 21 fue una prueba de fuego porque hay quienes lo quieren utilizar como punto de partida para salir de Duque, pero afortunadamente éste asimiló el verdadero espíritu que le transmitimos los que protestamos con sana intención expresando nuestra inconformidad. Ha entendido que debe mostrar disposición para dialogar y llegar a acuerdos que involucren al mayor número de estamentos que le permitan tener gobernabilidad; como también entendió, por ser un hombre público sensato y razonable, que no puede seguir secuestrado en Palacio por quienes le hacen creer que todo va bien.

Él es un hombre de destacadas virtudes, calidades y cualidades; de ahí que en su alocución del día 22 de manera consciente y con credibilidad manifestó su inmediata intención de comenzar un amplio diálogo social con todos los organismos y sectores.