Controlar la corrupción no ha sido fácil

Corromper es dañar, echar a perder; la corrupción es un flagelo de contaminación social, vicio que ha cogido cuerpo, que ha vivido bajo las toldas del Gobierno y ha sido amañada bajo su mismo control.

Ha sido un mal de siempre, está en todas partes haciendo daño, se estremece como un fuerte vendaval en todas las direcciones, deteriorando y debilitando los hombres de Estado, tiene a la democracia enferma, tiene al Estado en desajuste con crisis institucional.

La Constitución de 1991 estableció mecanismos institucionales de control político y otros controles dentro del ejercicio corrupto de las actividades políticas de la función pública que se necesita para su desarrollo legal, por la conciencia social política de la gravedad del problema unido a la amenaza que representa para la supervivencia del sistema democrático, porque ha sido difícil enfrentarla cada vez que se enfrenta la corrupción con el Estado. La corrupción le echa tierra en los ojos al Estado debilitando la democracia.

El Estado le puso un desinfectante llamado Ley Anticorrupción, pero ha sido peor el remedio que la enfermedad, en la aplicación de la ley (letra muerta) con el cartel de la toga (inseguridad jurídica); la crisis por la que atraviesa la sociedad no es propiamente crisis de norma (infracción de la ley), sino una crisis del elemento humano como componente esencial del Estado; la corrupción no se debe a falta de normas; al hombre público hay que hacerle un tratamiento adecuado para superar ese vicio que debilita y destruye nuestra sociedad.

En el Congreso de la República está cursando un proyecto de ley sobre la reforma de la Ley Anticorrupción, para mi concepto respetando la norma, el derecho debe despolitizarse y tratar de moralizarse más (ética jurídica).

La corrupción es un mal de raíz que ha tenido injerencia en la sociedad y en la vida política. Por otro lado, es un mal que se volvió cultura con costumbre aceptada y resignación social amañada en el Gobierno y que va en contra la estructura y ser del Estado, los índices de corrupción han alcanzado los niveles más altos y generalizados, donde el flagelo ha invadido todos los ámbitos de la vida social.

Para poder enfrentarla hay que erradicarla, conocer las causas, los efectos, los daños que ha hecho; sus causas son socio culturales de costumbres arraigadas en la comunidad que atenta contra los principios éticos y normativos de carácter objetivos, y como la corrupción es política, está centralizada en el sector Estatal, debilitando los diferentes órganos institucionales del Estado.

Control: ataque a la corrupción: es necesario implementar diversas estrategias que ataquen simultáneamente las causas, los efectos del problema; y como el mal es de contaminación social, con falencias estructurales en los mecanismos de reclutamiento de los servidores públicos, su deficiente formación profesional amaña la proliferación del flagelo y deja como consecuencia la falta de credibilidad en la legitimación del Estado. La esencia de la infracción de la corrupción moral del servidor público, la otra naturaleza es bilateral, por cuanto una de las partes ofrece dádivas, sobornos y el funcionario las acepta, o sea quien controla tapa el mal en jugada de doble vía para hacer difícil el control.

Para enfrentarla y controlarla hay que atacarla por todos los lados en callejón sin salida y con mano dura.