Conversar, una costrumbre que no se puede perder

“Yo quiero a mi pueblo, como a ninguno, recuerdos inolvidables, guardados tengo yo, que mi primer juguete fue un totumo, era como un totumo era como un carrito yo presumo, y ese era el regalo del Niño Dios”

Fue en el LP “Volumen 15” que los Hermanos Zuleta dieron a conocer durante el Festival Vallenato en 1981 que incluyeron ‘La Ceiba del puerto’, una canción costumbrista de la autoría de Camilo Namén, en la cual hace el epónimo hijo de Chimichagua remembranzas de su pueblo con excelente rima y melodía, esa obra musical vino a mi mente por el tema respecto del cual habré de referirme en esta oportunidad. Culminadas las fiestas de Navidad y Año Nuevo, se realizó en Monguí el ‘Festivalito Mis Vacaciones’, un certamen que comenzó como un juego de muchachitas con muñecas que imitaban el reinado del Festival del Dulce de Leche y se ha convertido en un fiestón que aglutina en el pueblo a toda la muchachada de la región, y propicia la visita de gente de distintos alares del departamento y de fuera de él, son tres días de fiesta, de fantasía, competencia, reinado y de muestras folclóricas y culturales dignas de público conocimiento.

En el marco de la precitada fiesta, y en buena hora un grupo de jóvenes entusiastas y emprendedores de Monguí, encabezado por Yulibeth, Jarvis Pinto y otras almas altruistas han aportado lo suyo para hacer posible el rescate de la tradición oral en el pueblo en cuyo suelo se encuentra sembrado mi ombligo, ellos tuvieron la deferencia que merece destacarse de invitarnos a Ángel, mi hermano, y al suscrito para un concurridísimo conversatorio donde rememoramos detalles maravillosos del pasado alegre y anecdótico que nos regalaron los abuelos, no fue aquello un despliegue de altísimas narraciones líricas, sino un caudal de recuerdos con sabor a yuca asada bajo las brazas del fogón, con sabor a leche cojosa de ‘La Terrible’, la vaca más famosa del pueblo, fue una brillante oportunidad para que los muchachos de las nuevas generaciones conocieran sus raíces, y toda la historia de Monguí, su población inicial y porque el monguiero se siente siempre orgulloso de su origen y de lo que sabe.

Durante el evento que se realizó en ‘El Chumbulun’, el muy bonito centro de eventos de la Prima Chavela del primo Chente, Ángel hizo una bien documentada exposición sobre los primeros pobladores de Monguí, su origen, oficios, usos y costumbres, para la ilustración de la concurrencia realizó un repaso pormenorizado sobre los pioneros en cada actividad, el origen del afamado dulce de leche, la llegada de los picó, de la luz y la telefonía; a mi me correspondió la parte anecdótica del pueblo y sus lugares circunvecinos atendiendo la especial circunstancia de que los monguieros, machoballeros, cotopriceros, cerrilleros, cerroperalteros y quienes nacieron en Las Mercedes tomamos leche de la misma vaca, somos la misma gente, fuimos levantados tomando agua de los mismos molinos.

Rememoramos aquellas historias que escuchábamos a nuestros abuelos en las primas noches durante sus larguísimas conversaciones en las puertas de las casas, donde se confundían el olor del querosín de las lámparas y el tabaco que ellos fumaban mientras referían cuentos y episodios memorables sobre lo divino y lo humano alimentando nuestra curiosidad y deseos de enterarnos de todo.

Como olvidar el episodio de un viejo que en Cotoprix estaba discutiendo con su mujer y fue interpelado por la hija quien le dijo, “Papá, usted dice que en pelea de marí ‘o y mujé nadie se debe meté, pero yo me voy a meté, la casa le toca a mamá porque ella se la ganó con su coño” y el viejo le ripostó, “Ve hija, quien te dijo a ti que el coño da casa, si el coño diera casa todo este pueblo fuera tuyo”, historias como estas fueron compartidas para que la conversación, los asertos campechanos, las anécdotas y los dichos no mueran con sus protagonistas.

Quienes tuvieron la iniciativa de organizar ese encuentro con los recuerdos se merecen no solo el aplauso, sino la admiración de sus conciudadanos, lo que están haciendo nos lleva a la íntima convicción que nuestros pueblos tienen futuro, a pesar de que hay, como siempre, actores que nada distinto de la crítica aportan, que destejen por la espalda y durante las noches lo que estos pelao‘s y esas muchachas tejen de frente durante el día.

Aquel 3 de enero reciente pasado, pude exclamar con toda seguridad, que mi pueblo tiene futuro, que contrario a lo que pregonan los agoreros de lo malo, sus mejores días son los que vienen, y serán protagonistas todos aquellos que con humildad y sin falsas modestias hacen su aporte silencioso para que mejore la calidad de vida de sus coterráneos, sin hacerle ni desearle mal a nadie, sino gestionando así sea con las uñas para que la alegría no se pierda ni las tradiciones tampoco.

La junta organizadora del Festivalito ya tiene su lugar en la historia, están sentando las bases de la paz como derecho que tenemos todos los seres humanos, eso hay que valorarlo y colocarlo como ejemplo a las futuras generaciones.

¡El que entendió, entendió!