Corrupción y narcotráfico, un infierno

El predominio de la corrupción y el narcotráfico es una realidad de apuño que compromete poderes, autoridades e instituciones contaminadas de pandemias sociales, con las cuales convivimos, departen y participan en negocios lucrativos e ilegales que a diario ocurren de manera rutinaria, complaciente y disfrazada.

La corrupción abarca un ámbito global que implica y afecta las administraciones públicas, negocios privados, incluyendo trata de personas con fines de prostitución. La incidencia de corrupción se palpa y observan como prácticas normales incentivadas con sobornos que reciben servidores públicos a cambio de favorecimientos retributivos, remunerativos, materializados con actos administrativos y providencias judiciales que expiden y profieren autoridades competentes en el ejercicio de la función pública. La corrupción es una pandemia antiquísima, que ha contaminado a los seres vivientes casi sin excepción alguna, a quienes han transitado y circulado por vías de la vida. Quien no se ha contaminado de corrupción, activa o pasiva es porque no ha vivido. Muchos desconocen que por acción u omisión han incurridos en práctica de corrupción, consciente e inconsciente, por ignorancia de consistencia por solventar subsistencia.

La corrupción no se erradica con represiones y cárceles sino con la educación, empezando a orientar a los niños infantes, desde pre-quinder, enseñando que la corrupción es un demonio que ha carcomido la sociedad, destruido familias, administraciones públicas y todo lo que se atraviesa de manera inmoral e ilícita.

El narcotráfico es un factor que llegó y se quedó clandestinamente a nuestra sociedad. Sus dos productos de mayores consumos, lo constituye el cannabis (marihuana) y cocaína, cuyo comercio genera buena rentabilidad, a la vez doblegas y tuerce autoridades administrativas judiciales y policivas o armadas. La guerra declarada hace más de 40 años ha sido un fracaso total porque el negocio se mantiene contra viento y marea. Se han perdido billones invertidos en policías antinarcóticos y fumigaciones sin que se vislumbren a la vista, señales de erradicaciones, aun cuando no se desconocen algunas incautaciones irrisorias relativamente con el volumen que se producen y exportan para la distribución mayorista en Estado Unidos y Europa, que a la vez, estos la vendan a consumidores al detal, incentivando oferta por la garantizada demanda, indiferente del costo-precio que paguen, por efectos de prohibición, persecución y operaciones criminales o por la ilegalidad que lo caracteriza. Se persiguen cultivos y contradictoriamente se permite importar por puertos y aeropuertos los elementos químicos procedentes de las naciones de mayor consumo, requeridos y utilizados para producir y cristalizar la cocaína, sobre la cual no se comentan ni opinan nada.

En EE.UU se consume mensualmente más de 200 toneladas de cocaína, siendo Colombia un gran proveedor. ¿Si no se erradica el consumo, para qué erradicar cultivos? Cortina de humo. Engaña bobos, malgastando dólares sin llegar a una realidad porque buscan al ahogado río arriba. Para acabar con la violencia que origina el negocio del narcotráfico lo mejor es legalizarlo de una vez, antes de sufragar gastos inútiles en una lucha de erradicación, prohibición y control.