Crisis de confianza

Definen este concepto los expertos en Ciencias Políticas como la densa duda y recelo de las personas en sus instituciones y en sus líderes, porque piensan que éstas no las pueden ayudar, ni ellos los representan bien. Los sociólogos, en mi interpretación, conceptúan que puede ser la desconfianza que se genera en el relacionamiento de las comunidades con las instituciones y los líderes. Y los filósofos sociales como la creación de un entorno susceptible de suspicacia en la sociedad.

Hoy en nuestro país y especialmente en nuestra región por múltiples y válidas razones, pero principalmente por la inestabilidad política y administrativa del Gobierno regional y algunas decisiones institucionales, se ha generado la sensación perceptiva de desconfianza en las instituciones del Estado, empresas privadas y público-privadas y por ende en sus funcionarios por los compromisos que hacen o adquieren y no cumplen, y además, en algunos líderes sociales y políticos por sus actuaciones públicas y las que se conocen del ámbito privado. Y todo esto, que es lo lamentable, ha generado un entorno enrarecido en nuestras comunidades y en sus miembros y una estructuración mental de impotencia y auto-convicción que todo cuanto se emprende en La Guajira y sus municipios, a nivel institucional o por parte de las comunidades mismas y sus líderes, se convierte o termina en gestión fallida. Por eso por el manejo de algunas de nuestras principales necesidades encontramos en la gente crisis de confianza, por ejemplo, en la solución de agua potable para La Guajira; crisis de confianza en el control de la inseguridad ciudadana; crisis de confianza en la atención en todas las instituciones de prestación de servicios de salud y en las empresas encargadas de autorizar o  garantizar estos servicios (EPS); crisis de confianza, o en la oferta académica para preparar nuestros niños y jóvenes en escuelas y colegios, o en la adquisición de conocimientos de ellos reflejada en los bajos resultados en las pruebas estatales; crisis de confianza por las acciones controversiales de algunos jueces, fiscales y policías; crisis de confianza en la prestación de servicios de energía eléctrica por las constantes fallas que ocasionan pérdidas, limitan el emprendimiento y la inversión; crisis de confianza por la transitabilidad no solo en las carreteras por su deplorable estado sino también al movilizarnos por nuestras calles y carreras por no darse una concertación ciudadana entre los usuarios de estos espacios públicos, llámense peatones, conductores de automotores, de moto y de mototaxis para defender la vida y los derechos de cada uno; crisis de confianza en los funcionarios públicos que no hacen su trabajo con valor agregado para las comunidades; crisis de confianza en nosotros mismos que como ciudadanos estamos teniendo reacciones inusuales de violencia e intolerancia por cosas o sucesos que antes se solucionaban amistosamente y se daban felices y asertivos acuerdos y donde cordialmente los implicados asumían y cumplían a lo que se comprometían; crisis de confianza en nuestros líderes políticos y sociales por sus subliminales comportamientos donde negocian desde caudales de votos en los procesos electorales hasta manifestaciones de apoyos en eventos de socialización del bien común.

Por todo esto los guajiros caminamos entre la delgada línea del derrumbe emocional y la reconstrucción de nuestra ancestral, gallarda y bravía voluntad de luchadores, de recursivos y propositivos ciudadanos que las más grande dificultades las convertíamos en oportunidades de solución y no dejábamos, por nuestro carácter o legado de nuestra raza raizal, de que la desesperanza nos cundiera. También debatíamos contra nuestras propias emociones negativas para no permitir que se apoderaran de nuestra fortaleza mental, las crisis que hoy rápidamente nos apañan, nos degradan la fuerza física y la grandeza ciudadana, y nos ponen a ver grandes barreras “donde solo está una línea de ladrillos” y nos despiertan emociones negativas y destructivas donde solo hay una suposición o incipiente propuesta. Todo lo estamos magnificando por lo malo y no para decir “entre más bravo el toro mejor es la corrida” sino para destruir, para oponernos y para atajar lo de los demás, porque desgraciadamente nos estamos convenciendo que lo de nosotros no vale o es inferior.

Es hora de hacer un pare. Es hora de recomenzar a reconstruir el tejido social guajiro con nueva mentalidad, con nuevo ambiente de esperanza, confianza y credibilidad en nosotros mismos y en los nuestros; es hora de valorar lo que somos y lo que tenemos no para engrandecernos falsamente sino para unir fuerzas y voluntades y ser colaborativos. Solo con la ayuda sincera, el comentario sincero, las actuaciones sinceras podemos acabar o cambiar las crisis de confianza que se han apoderado de nuestra salud mental, de nuestro entorno social, político y comunitario. Hoy estamos desconfiando de todo, pero es más saludable volver a confiar.

Yo, Rodrigo Daza Cárdenas, creo en La Guajira, creo en los guajiros y creo que solo con nuestra decisión personal inicialmente, para construir decisión colectiva de mejoramiento, cambiamos.