¿Cuál Congreso?

Empezando por la poca talla intelectual, moral y ética, jamás, podría decirse que este Congreso de la República, consagra a los más destacados exponentes de la inteligencia y los principios. ¡Eso, nunca!  Por supuesto, que hay excepciones, y es justo aclararlo, porque sería tanto como faltar a la verdad desconocerlo.

Esos pocos hombres y mujeres, que asumen posiciones y exposiciones brillantes, decorosas, sin hacerle sesgos a las leyes de ninguna clase, son los que han permitido que la corporación aún tenga vida, legitimidad, y medio se pueda mostrar y creer en ella. Aquella Atenas del buen hablar, la Bogotá de otrora, la Atenas de Sur América, la que fue considerada, como la primera sede de la Academia de la Lengua en América inaugurada en el año de 1871 en Bogotá,  la del exquisito discurso, la de los poetas, escritores, razón para que se le considerara a su parlamento, como de agradable y  florido verbo. Aquel inicio con brillo en sus jornadas parlamentarias, como así lo cuentan los historiadores, que daba gusto escucharlas, solo brillan unos pocos hoy día. El 27 de noviembre del año de 1811, cuando se suscriben las actas de la federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, honraron la majestad de los hacedores de las leyes, y en ellos se confió la eficiencia para consolidar un estado de derecho puro y confiable. Para entonces, apareció en escena, José Manuel Restrepo, diputado de la Provincia de Antioquia. Henrique Rodríguez que representaba a Cartagena, Manuel Campos, a Neiva, Camilo Torres por Pamplona y Joaquín Camacho, Tunja. Estuvo inspirado el conglomerado legislativo, en las teorías de Montesquieu, El Espíritu de las Leyes, y el tratamiento al Congreso se le denominaba como Alteza Serenísima, al presidente de la Corporación: Su excelencia, y a los parlamentarios se les llamaba: su señoría. Ninguno de estos parlamentarios recibía salarios. ¿Será que hoy se merece, que a todos se les llame: ¿Honorables? – Creo que a unos pocos.  Honrados tal vez, pero de la cintura para abajo, donde están los bolsillos, para llenarse. Vaya y compare las solemnidades y verá, que en su mayoría, lo que se ve es una turba disociadora, a la caza, de aparente calma, con saco y corbata, y rostros diabólicos, a la espera de las mejores oportunidades para chupar las finanzas estatales, o para traicionar la patria y los principios, por unos “dólares más” es un Congreso nuevo de  avivatos, con características de mediocre, al que Juan Manuel Santos, convirtió en sanedrín para fabricar leyes que faciliten el progreso del comunismo, y se le dé viabilidad a la impunidad, y se burle el estado de derecho. Pero, todo tiene solución, y esta es, Reformando el Congreso, como también exigiendo un mínimo de requisitos que podrían ser: Hoja de vida sin antecedentes, y bien rastreada. Preparación académica, conducta familiar con relación a esposa, e hijos. Declaración de renta. –No es honesto que se entre a la corporación como pobre y se salga como multimillonario. Ninguno que haya sido condenado y absuelto, puede ocupar curules o cargos públicos. La excelencia, es integral, no parcial. Cuando eso ocurra, seremos otro país, y los jueces serán de calidad humana y moral, si, porque hoy, algunos son delincuentes con toga. Ejemplo: el cartel de la misma.