Cuando 370 millones de dólares son una pichurria

Los 370 milloncejos de dólares que Colombia a través de su jefe de régimen, Iván Duque, le acaba de autorizar a Avianca en una suerte de beneficio familiar dado que una hermana suya es la segunda al mando de dicha empresa para sus operaciones en Colombia, están por perderse. Inclusive, según financistas generadores de opinión resulta que es una cantidad sin importancia como para tener el duquismo alguna capacidad de intervención en el destino de Avianca. ¡Qué poco valen nuestros dólares! ¿Qué justifica el menosprecio del dinero colombiano? La empresa norteamericana United Airlines con un préstamo de 457 millones de dólares para el mismo propósito de rescate, sí tiene la posibilidad de quedarse con la compañía, ya que se dio como garantía el 51,5% de las acciones de Avianca. Eso sucedería en el caso que Germán Efromovich no pueda pagar sus deudas, lo que se ve ahora muy complicado por el carcelazo decretado al boliviano/brasileño/colombiano en este momento. Se sospecha que está metido hasta las orejas en la Operación Lava Jato en Brasil. Esta investigación versa sobre la corrupción globalizada de la empresa Odebrecht. Por tanto, no se ve cómo pueda don Efra honrar sus deudas y lo más probable es que los aviones blanquirrojos terminen en el inventario de los norteamericanos.

Inexplicable que no se hubiera consultado al Sindicato Antioqueño, por decir alguien, y que esta asociación asesorara a Iván Duque a fin de haber comprado a Avianca, pues tal operación hubiese valido el 13.5% de lo que tiene visos de perderse con el préstamo (¿o autopréstamo?) a desembolsar a una compañía que está más quebrada que un soldado en vacaciones. En el mercado bursátil Avianca vale 50 millones de dólares.  Efromovich compró Avianca en ley de quiebra por 64 millones de dólares, lo que dio lugar a que Álvaro Uribe le concediera la nacionalidad colombiana en un frenesí patriótico por haber salvado la compañía de su desaparición. ¿Por qué ahora era mal negocio hacerse a esa empresa, en vez de concederle un préstamo? ¿Dónde de verdad está el negocio y por qué esos dólares colombianos son considerados una pichurria que no generan derecho alguno? Resulta improbable que aquí no haya gente idónea para haber manejado de nuevo la segunda empresa de aviación más vieja del mundo.

La adquisición de Avianca hubiese sido el rescate del cisne rojiblanco, pues representaría que la empresa por muchos años bandera del país volviese a manos colombianas. El domicilio de esta firmaes Panamá y su director ejecutivo un tal Anko Van Der Werff, nombre lejos de los Santo Domingo y ni siquiera cerca de los alemanes y otros colombianos que fundaron Scadta en 1919, reconvertida en Avianca, por citar unos empresarios barranquilleros que fueron propietarios mayoristas del servicio ruana roja, lema destacado para señalar el orgullo que era volar con nuestro consorcio de aviación. Pero, qué se puede pedir cuando a una nación la dirigen una caterva de vencejos para todo, salvo en la corrupción donde son maestros.

La pregunta de ignorante es si el Congreso de la República, que son los organismos de control hoy coaptados en su totalidad por el uribismo, puede detener el préstamo oneroso en trance de consumarse o para pedir explicaciones, al menos. En particular porque ese dinero proviene de un fondo el -Fome- creado para agilizar la atención de las contingencias causadas por el Covid-19,con los mismos objetivos de los ciento y pico de billones de pesos ya “gastados” en esa tarea.

Más que en una metáfora, podría decirse que el traspaso de esos 370 millones de dólares a una empresa premorten como es Avianca, es ver cómo esa platica salió volando. Sin duda alguna Iván Duque es un avión.