¿Cuando cambian el comportamiento y las actitudes?

Causa desconcierto, por decir lo menos, cuando palpamos la transformación de esos niños a jóvenes irreverentes, altivos, inhibidos del cumplimiento de normas y tratando de volar “cuando ni siquiera han emplumado las alas”. Niños a quienes sus padres, profesores, y familiares queremos darles una palanca para que muevan al mundo. Esto recordando al sabio matemático Arquímedes.

Para tener conocimiento de causa me he dedicado a observar la llegada y la salida de los niños de varias escuelas de primaria en La Guajira y he encontrado tantos elementos comunes de lo que hacíamos nosotros de décadas atrás, que me asombra y me pierdo tratando de precisar ¿porqué, o en qué momento los jóvenes de hoy se hacen tan diferentes a los de antes?

Viendo niños de las escuelas Luis Beltrán Dangond, Elodia Orozco y Los Fundadores en Villanueva; de la Domingo Sabio de Urumita; de la San Lucas de El Molino; de la María Auxiliadora de San Juan del Cesar; de la del 1 de julio y la de las monjas en Fonseca; de la escuela No 1 y de Monte Albernia de Barrancas, entre otras, no solo volvía a rememorar y evocar mi infancia y pre-adolescencia, sino que me vi retratado en esos niños.

Por ejemplo, llegan la gran mayoría recién bañados, organizados, con sus morrales hoy, antes eran bolsas de tela con su gasa para colgar en el hombro de un lado y apoyarla en la cadera o muslo del otro lado; buscan a sus “cuates”, forman corrillos, hablan varios al mismo tiempo, el chillón tono de la voz es moderado, pero mantienen un orden y están más o menos quietos antes de la campana u hora de entrar. Aun en algunas escuelas hacen formación antes de entrar al salón.  Todo eso hacíamos nosotros.

Al salir, salen afanosamente, corren, gritan con tono chillón elevado. Los que pueden compran “el boli” y se lo comen igual a como nosotros nos comíamos las paletas de Rosa Dominga en Villanueva, “chorreandonos desde la barba hasta la punta del zapato”. Los que se van a pie para sus casas patean todo lo que se les atraviesa, se dan un tiempito y juegan fútbol, a “la lleva”; otros se reúnen y pareciera que terminan el tema pendiente o avanzan bastante porque salen en un instante despavoridos, gritando, cada uno por su lado y aun se siguen gritando mensajes. Todo esto lo hacíamos nosotros, todo era igual, es decir que tenemos las mismas bases idiosincrásicas, los mismos comportamientos infantiles. Se dibuja en esos gestos, las mismas bases antropológicas y sociales de esos niños de diferentes municipios de La Guajira. Lo que espera uno a futuro, si tenemos buena orientación y guía de maestros como recordamos nosotros, es que sean como somos la mayoría de los guajiros: respetuosos, emprendedores, buenas personas y con aspiraciones de crecer intelectual y profesionalmente y otros, a progresar en sus diferentes actividades. 

Hoy, y es mi respetuosa percepción, en el tránsito de niños y adolescentes a jóvenes y adultos posteriormente, el comportamiento y la actitud de muchos de ellos deja mucho que pensar y que desear. Son sin normas, presa de un individualismo que es fácil insumo para actuar de forma pandillera; andan juntos, pero cual más propone lo riesgoso para ser el jefe o líder; hacerles una observación o llamado de atención virtuoso es como si fuera un reto o invitación a “sacar las espadas”. Muchas veces tuvimos nosotros algunos enfrentamientos o “peleas callejeras” que son distintas a las tantas que se dan ahora, porque no estábamos atentos a la filmación para después exhibirnos orgullosos por redes sociales de semejante espectáculo, pero con seguridad, antes, había uno que se lo decía a los profesores y estos tomaban medidas y luego se lo comunicaban a los padres quienes casi siempre tomaban medidas. Corregían.

Por eso, como dijo Plinio Apuleyo Mendoza, “en qué momento se jodió Colombia”, hoy digo yo, en qué momento perdimos parte de nuestro orgullo y de nuestro mejor activo: ¡el respeto y cordura de los niños y jóvenes de antes, por qué los comportamientos de los jóvenes de hoy no son los mismos, el trato no es el mismo, y las actitudes frente a la vida, no son las mismas que antes!