Cuando desconocemos lo importante que somos

Transcurría el año 2004, cuando fungía como Dinamizador de la Cadena Productiva del Tejido Wayuú, liderada por Artesanías de Colombia S.A, y financiada por Fomipyme; a través de este programa, eran atendidas mujeres artesanas wayuú de los municipios de Barrancas, Riohacha, Maicao, Uribia, y Manaure, La Guajira.

A partir del período 2004 – 2006, las artesanías guajiras lograron el mayor posicionamiento, a nivel nacional, se trabajó en la diversificación del color, y del producto, innovación del telar, en el sello de calidad hecho a mano, en convenio con Icontec, alianzas para la comercialización, creación de fondos rotatorios, fortalecimiento asociativo, alianzas con diseñadores de talla nacional e internacional, participación en ferias y ruedas de negocio, tanto regional como nacional e internacional.

Me llamó poderosamente la atención, que participando en la Feria de las Colonias, un mes de junio del 2005, en Corferias, en Bogotá, participamos con una delegación conformada por artesanas de Uribia, Manaure y Riohacha, en el Pabellón 4.

Una artesana del Amazonas, se me acercó y me susurró al oído: ¡oiga, guajiro, las artesanas de ustedes son ricas!

Sonreí, con la afirmación pícara que hacía la artesana de la Amazonía, cuando ella con lápiz y papel en mano, ya había sacado el cálculo del presupuesto de lo que tenían nuestras artesanas encima de su Templo del Espíritu.

Ella, me tomó de la mano, y me llevó a solas, y nos sentamos en la escalera del Pabellón, a cuadrar las cuentas y los precios de las prendas artesanales que lucían nuestras prestigiosas artesanas wayuú.

Dígame, guajiro: ¿Cuánto vale la manta guajira que tiene puesta su paisana?, ¿Cuánto cuesta el collar, la pulsera, y los aretes lujosos en piedras coralinas auténticas, que luce en su cuello, muñeca y orejas?, vaya anotando, y no se me haga el pendejo. Yo me reía solo, de ver el juicio oral que me estaba haciendo la artesana del Amazonas. Y seguía jodiéndome la existencia. ¿Cuánto valen, el par de sandalias, con esas borlas tan preciosas, y de colores llamativos?, ¿Cuánto vale la mochila tan hermosa, y colorida? Por último me sentenció mirándome fijamente a los ojos: ¿Cuánto vale el sombrero wayuú que tiene puesto?

Me ripostó: ¡Ellas no deberían estar aquí!. Esta feria es para artesanos pobres, no para mujeres ricas, como ellas.

Haciendo cálculos a vuelo de pájaro, llegamos a concluir, que la humilde artesana, tenía entre pecho y espalda, más de dos millones de pesos en prendas de vestir.

Lógicamente, que la artesana que nos visitaba de otro stand, tenía prendida las alarmas, y con toda razón.

Bajo esa reflexión forzosa, después me hice los siguientes interrogantes: ¿Cómo es la vida de paradójica?, nuestras artesanas en su territorio se consideran pobres, y ante las demás del país, son consideradas ricas.

¿Será su baja autoestima, que no les permite reconocerse como mujeres importantes, y representativas de la cultura wayuú?

¿Será por la escasa o nula valoración que encuentran, ante los diferentes entes privados y del gobierno?

¿Será que el papel de víctima, no les permite autoreconocerse, del talento cultural que Dios les regaló, y que con sus maravillosas manos; hacen tantas maravillas creativas?

¿Será que los gobiernos, municipales, y departamentales, han fallado en no haberles dado a nuestras artesanas, el estatus cultural que se merecen?

¿Será que nuestras artesanas, no se merecen un lugar digno, en la Avenida La Marina, de Riohacha, para acoger a visitantes nacionales y extranjeros?

Propongo al gobernador de La Guajira, Nemesio Rois, que estudie la posibilidad de crear en la Avenida Primera, un lugar digno, una Plaza de los Artesanos (no que las paisanas nuestras, estén como están hoy, recibiendo el sol canicular todo el santo día, y arrastrando sus reliquias artesanales por el suelo), en la cual, todas las etnias que conviven en la Sierra Nevada de Santa Marta, y la wayuú en especial; tengan un espacio meritorio para vender y promocionar todo lo concerniente a su cultura, especialmente las CH: el chinchorro, el chirrinche, el friche y la chicha. Que allí el turista pueda ver en vivo y en directo el telar, y se pueda tomar foto hilando, que los turistas puedan disfrutar del baile de la yonna, y conocer sus instrumentos musicales, que puedan fotografiar toda la belleza, y el encanto de las cerámicas, que puedan también ver de cerca la belleza interior que guardan nuestras mujeres como legado de walekerú.