Cuando todo esto pase…

Tal y como está escrito, la paga de la indisciplina social y la desobediencia civil, es el contagio, y probablemente la muerte por Covid-19. Mucho le cuesta al ser humano por su propia naturaleza, obedecer las normas y a las autoridades legalmente constituidas.

Todo se repara, todo se señala, todo se cuestiona y todo se reclama. Porque las mayorías se consideran con derechos, pero no son conscientes de los deberes que les corresponde. Esta ha sido una coyuntura para caerle a los gobernantes y sus decisiones y para opinar con masa crítica inclemente, por buscar un culpable de esta pandemia que vivimos. Pero no se ve la autocrítica, ni la sensatez ni la autorregulación personal ni mucho menos un meas culpa.

Todo se repara, todo se señala, todo se cuestiona y todo se reclama. Porque las mayorías se consideran con derechos, pero no son conscientes de los deberes que les corresponde. Esta ha sido una coyuntura para caerle a los gobernantes y sus decisiones y para opinar con masa crítica inclemente, por buscar un culpable de esta pandemia que vivimos. Pero no se ve la autocrítica, ni la sensatez ni la autorregulación personal ni mucho menos un meas culpa.

En este confinamiento prolongado como producto de la cuarentena por un diminuto enemigo invisible, sigue la guerra del hombre por el hombre, y la lucha contra el sistema político y el estado. Llueven los conceptos de los francotiradores contra las debilidades de la red pública nacional y regional. Muy pocos hacen reconocimiento a la voluntad insoslayable de quienes gobiernan por administrar vidas y mejorar la calidad de la misma. Hemos olvidado que si a nuestros gobernantes les va bien nos va bien a todos.

Somos del pueblo y vivimos en el pueblo y entendemos que hay hambruna, altos impuestos y corrupción galopante. Ni en tiempos normales, se garantiza la seguridad alimentaria y nutricional, ni el mínimo vital de agua y alimentos. Y en muchos rincones del país vemos la imagen de esos niños escuálidos por la desnutrición y el hambre, quienes mueren lenta y gradualmente ante la mirada inerme de un estado que debe salir a gobernar desde los territorios. Gobernar desde los territorios significaría administrar lo que se conoce. En este país biodiverso, multiétnico y pluricultural con todos los matices en fauna y flora y una economía resistente a la guerra, el nuevo orden debe mirar más hacia la periferia que hacia el centro. Las muertes por Covid-19, se focalizan más en el centro del país por su permanente contacto con el extranjero y donde se originó el foco de contagio. 

La tesis de algunos expertos de que este virus fue hecho en laboratorios para encuarentar a sanos y enfermos cada día más cobra adeptos. Los hombres como yo, de fe inquebrantable e indeclinable y muy fuertes convicciones, no tenemos temor porque lo que derrota al miedo es la fe.

Igualmente, se observa que, en el encierro hay más depresión, más autorreflexión, más violencia familiar y más rebeldía. A quien no le gusta ser libre como los pájaros, tener contacto social, compartir con los amigos y disfrutar de lo grato que es la vida. Si nos acostumbramos a la concurrencia, a las multitudes, al afán del día a día, al trabajo en equipo. Hoy el nuevo orden vaticina, conciertos virtuales, fútbol sin público, pueblos sin festivales y amigos virtuales también.

A todos nos cayó la gota fría con esta cuarentena. Los que se creían ricos, se ven con desprecio quizás, igualados con los más pobres. Hoy hay una rebatiña por un pedazo de pan, un plato de lentejas o uno de mermelada. Cuando todo esto pase, saldrá el hambre a la calle, la pobreza, la violencia, la pelúa más encrespada. Cuando todo esto pase, quizás volvamos a respirar aire puro y a tomar agua cristalina, y a escuchar el canto de las aves silvestres. Cuando todo esto pase, quizás tengamos más fe y temor de Dios y le rindamos culto de adoración. Quizás tengamos un ferviente deseo de doblar rodillas en una iglesia en una acción de gracias por la vida y la salud. Quizás, tengamos más sosiego y calma, y entendamos mejor el valor de la amistad, la familia y el amor. 

Un amigo leal, debe tener un valor inconmensurable cuando esto pase. Saldremos con una profunda maduración interior y mirando la vida con más amor. Pero el abecé del nuevo orden mundial indica que ese viejo hombre debe quedar atrás. Cuando todo esto pase, debe salir a la calle un hombre nuevo, más humilde y menos sabio en su opinión, con más respeto por la vida y sus semejantes. A vivir en un país con menos pobreza y menos corrupción. De no ser así, no aprendimos la lección de la cuarentena. Miren que la vida es la mejor escuela, pero sí no aprendemos sus lecciones, de nada nos sirve la vida, de nada nos sirvió la escuela.