Cuando un eslabón se rompe, los esfuerzos son nulos

Cuando una niña entre los 15  y  17 años de edad queda embarazada, casi siempre se le viene el mundo encima

debido a que por lo general está estudiando y no ha formado un hogar.

Por otra parte, los padres que deberían ser el primer eslabón de la cadena a muchos les incomoda tener conversaciones directas sobre el sexo y el control de la natalidad con su hija o hijo adolescente.

Según el Ministerio de Salud y Seguridad Social de Colombia, las adolescentes están iniciando su vida sexual a una edad cada vez más temprana. Al mismo tiempo, hay un incremento del porcentaje de mujeres menores de 20 años que son madres. El embarazo en adolescentes tiene graves consecuencias sobre la calidad de vida de los futuros padres y de los hijos por nacer, limita las posibilidades de desarrollo personal y social de padres e hijos en la medida en que reduce las oportunidades de educación y, por lo tanto, afecta la calidad del empleo, aumenta el número de personas con dependencia económica en una familia. El embarazo precoz es un factor que contribuye a perpetuar el círculo de la pobreza. Y, El embarazo no planeado es un problema de la población adolescente.

Según la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud -realizada en 2017-  que se realiza cada 5 años en Colombia, el embarazo adolescente es una de las principales causas de la deserción escolar. Además, el  Ministerio de Educación  estima que en Colombia se producen 150.000 nacimientos anuales en madres entre los 15 y los 19 años, y 6.500 nacimientos en niñas menores de 14. Muchas de estas madres, en edad escolar, abandonan los estudios para encargarse de sus hijos.

El Gobierno para tratar de controlar los embarazos no deseados cuenta con entidades como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y Profamilia, que trabajan en la reducción a través de proyectos que involucra de manera directa adolescentes y jóvenes dándoles capacitación y procurando que no les falten los anticonceptivos.

Según estas entidades, los métodos más utilizados por los jóvenes son en su orden: píldoras, implante, inyección y condón. Y, además, resaltan que es importante saber que las EPS están obligadas a proporcionar los métodos anticonceptivos de manera gratuita, apoyando los programas del Gobierno como último eslabón de la cadena.

Hace un año mi hijo de 14 años presentó síntomas serios de apendicitis con lo cual salimos corriendo para la clínica a que lo observara un especialista. De manera rápida entró a cirugía para proceder con la extracción para evitar complicaciones con su salud. El médico, luego del éxito de la cirugía le receta antibióticos (amoxicilina) y para el dolor buena cantidad de acetaminofen. Sorpresa, cuando voy a reclamar estas a la EPS y me dice el regente que no hay ninguna de las dos.

Este año cuando hacía fila para reclamar mis medicinas para control de la presión arterial, me topé con una joven de 17 años que delante de mí iba a reclamar sus píldoras para planificar previa consulta con su médico. Se le notaba la felicidad porque iba a iniciar su vida sexual, pero por ahora no quería tener hijos, pues primero iba a estudiar. Sorpresa, cuando llega y le dice la regente que no hay píldoras para planificar.

Como el Gobierno hace un gran esfuerzo para evitar que las niñas queden embarazadas con políticas públicas serias y sostenidas, está dando pasos en falso por la poca seriedad y compromiso de las EPS del país.

Para concluir, cuando las EPS niegan las píldoras para planificar, todos los programas  de planificación familiar se caen. Y, nuestras niñas embarazadas sin querer.