Cuantitativismo institucional

Por José Luis Arredondo Mejía

En el ámbito institucional de La Guajira predomina la tendencia al reduccionismo numérico. El éxito o el fracaso de la gestión en las entidades públicas supeditada exclusivamente al volumen de recursos –básicamente financieros– disponibles. El gran Arquímedes de Siracusa en su famosísimo aforismo “dame un punto de apoyo y moveré el mundo”, lacónicamente expresó lo que lograría con una palanca. Haciendo un símil con la frase, es usual para los funcionarios y políticos nativos suponer que el punto de apoyo y/o la palanca sean un asunto asociado esencialmente al cuanto dispongo para hacer, y muy poco al qué y cómo hacer. Para sustentación e inteligibilidad, esbozaremos un par de ejemplos similares en sus objetivos, diferentes en los protagonistas y en el sentido, y de reciente ocurrencia. Ambos tienen como escenario el Congreso de la República.

El primer ejemplo es un plausible acto de imaginación, del director de Corpoguajira, quien propuso en el trámite de reforma al actual Sistema General de Regalías, que el 8% de las regalías generadas por concepto de la extracción de gas de Ballena y Chuchupa, que, no aplican en el modelo legal imperante debido a que al lino hay lugar a la “ importación”, sean reasignadas a la Corporación en el nuevo modelo resultante, a efectos de fortalecer capacidades de supervisión, vigilancia y protección del medio ambiente.

Paralelamente pudieron haber enfocado esfuerzos en pro de la recuperación y fortalecimiento de las capacidades funcionales y de las competencias de las corporaciones. Así lo sugiere la coyuntura surgida del naciente boom de las energías renovables, esencialmente eólicas, que, emergen como la nueva panacea peninsular. Se vislumbran a corto y mediano plazo el funcionamiento de 65 parques eólicos, lo cual implica el montaje de 2.600 aerogeneradores en un área aproximada de 90.000 hectáreas que coparán el 98% del territorio wayuú e impactará a 600 comunidades de la etnia. Lo descrito tiene varias implicaciones ambientales: cambios en el paisaje, contaminación visual, sonidos de baja frecuencia que afectan tanto la salud humana como la de los animales, afectación al curso migratorio de las aves, en fin, toda una cadena antinatura. De manera que, por supuesto celebramos el ejercicio en procura de un mayor caudal. No obstante, la recuperación o asunción de competencias se torna prioritario para que la Corporación reasuma incidencia determinante en los complejos retos que se le avecinan. Institucionalmente Corpoguajira tiene una cuantiosa deuda con respecto a su rol en el manejo ambiental del proyecto Cerrejón. Es absolutamente evidente que la carencia de recursos económicos no ha sido precisamente el Talón de Aquiles del departamento, de varias entidades municipales y obviamente de la Corporación. Han contado con recursos suficientes para morigerar las secuelas del extractivismo.

El segundo ejemplo es el “empujón” de la representante ‘Tina’ Soto, a la Ley 2036 de 2020 mediante dos propuestas, de las que aprobaron una, plasmada en el parágrafo 3, la cual reza textualmente “Los proyectos de generación, distribución y comercialización de energías alternativas tendrán como prioridad  para contratación laboral, el recurso humano calificado y no calificado residente y/o oriundo de la región donde se asiente el proyecto, siempre y cuando cumplan con la idoneidad y/o competencias exigidas para la ejecución del mismo”. La aprobación fue a medias ya que, la otra propuesta bien intencionada de la congresista barranquera relativa al reconocimiento de compensaciones o un porcentaje semejante a regalías, no contó con igual suerte. No obstante, en la buena intencionalidad de lo  expuesto, si bien no se puede catalogar estrictamente como un asunto cuantitativo prevalece un criterio semejante. Garantizar legalmente la vinculación de mano de obra oriunda en las circunstancias locales actuales corre el riesgo de constituirse en “un saludo a la bandera”. Los proyectos eólicos son una industria relativamente novedosa en el mundo, y más aún en Colombia, con notables particularidades en la formación técnica requerida. No existen evidencias que se estén gestando procesos de formación y capacitación de nativos en los oficios y profesiones exigidas por dichos proyectos cuya demanda laboral total se estima en 6.000 empleos.

La historia es la maestra de la vida, y quien no la conoce está condenado a repetirla.