Cuerpos femeninos: desigualdades y representaciones

El orden social funciona como un universo simbólico que tiende a ratificar la dominación masculina.

Dichas representaciones simbólicas influyen en la percepción inconsciente y consciente del cuerpo, existen mujeres que desde la adolescencia rechazan su esquema corporal por no cumplir con las exigencias de la estética que la sociedad establece o se desarrollan con timidez percibiendo como inmoral vivir su vida sexual con libertad erótica y de placer, todo ello ejercido por paradigmas que alteran su visión de las cosas y su estructura psicoafectiva.

Cuerpos femeninos, cuerpos violentados: La violencia que se registra contra las mujeres, la cual, emerge como resultado de un modo histórico de relacionamiento, en el que no han sido tratadas como sujetas de derechos, tiene mucho que ver con los paradigmas que se tienen del cuerpo de las féminas y las formas de intervenirlo; es decir las relaciones de poder en el que los hombres han estado jerárquicamente por encima de las mujeres.

El cuerpo de la mujer está sujeto a vulneraciones y acciones que lo violentan que van desde los acosos callejeros hasta las nalgueadas y las masturbaciones que ejercen sobre sus cuerpos en los sitios públicos hasta el dominio ejercido por sus parejas en las relaciones sexuales, a las cuales son sometidas por “pertenecerle” aun sin el deseo o consentimiento de ella como mujer, todo esto implica una percepción del cuerpo de las mujeres como generador erótico vulnerable a violencias, ejemplo de ello se escucha en imaginarios sociales como “La violaron por mostrona, se viste como puta o es una provocadora”, los cuales argumentan que se ejerza violencia sobre los cuerpos de las mujeres, cosificándolas y negándoles su categoría humana, ejemplo de esto es el fenómeno del acoso callejero que se naturaliza como cortejo pero que corresponde a una violencia sexual que vulnera la tranquilidad y la percepción de seguridad de las mujeres.

De esta manera el acoso callejero es una práctica masculina arraigada que informa sobre la percepción que tienen sobre los cuerpos femeninos y su derecho a erotizarlos desde imaginarios sociales que exigen virilidad y dominio del macho sobre las mujeres (hembras); Achugar (2001) explica que el hombre latinoamericano considera que es propio de su cultura lanzar piropos a las mujeres en los espacios públicos y que, como toda comunicación, debe ser aceptado por las mujeres. Agrega también que este tipo de comportamientos ha acrecentado el poder del machismo en las esferas privadas y públicas, igualmente manifiesta que el machismo y los piropos callejeros son una forma, una necesidad masculina, de reforzar quién tiene el poder.

Se considera que el dominio del macho sobre el cuerpo de la hembra es una práctica de alcance mundial que no solo involucra a Latinoamérica pues el machismo no conoce fronteras culturales y las atraviesa estableciendo roles a los hombres sobre los cuerpos de las mujeres como el hecho de demostrar virilidad y en la mujer como cuerpo sexuado vulnerable a las violencias sexuales disfrazadas de seducción, cortejo o conquista. ¿Cuerpo una categoría impactada por los imaginarios sociales de dominio masculino? Es pertinente referirse a las reflexiones que plantea Fernández, A (1993) que tiene que ver con los roles de género y las limitaciones adjudicadas a las mujeres en diferentes espacios públicos, se puede afirmar que existe la necesidad de superar la violencia y la desigualdad entre géneros como práctica social.

El aporte que hace Fernández lleva a considerar que es tiempo de propiciar escenarios culturales, sociales, académicos o políticos que permitan elaborar nuevos discursos y de-construir paradigmas sobre las relaciones de género y del desarrollo de la mujer como cuerpo social que tiene derechos y capacidades para ejercer roles de poder en lo público.

En este sentido, se puede afirmar que el cuerpo de las mujeres si ha sido impactado por los imaginarios sociales de dominio masculino, otorgándole significados y roles desde visiones machistas y no desde la autonomía propia de ellas como seres sentipensantes.

Cierro esta reflexión, afirmando que el análisis que desde el feminismo se ha realizado de lo público y lo privado, se convirtió en uno de los procesos que replanteó la división sexual del trabajo y de los ámbitos de poder, en la familia y la sociedad: (en lo privado y lo público) y de cómo se viven las mujeres corporalmente, desde lo estético, erótico, la salud (el autocuidado) y la libertad de sentir, vivir y gozar su cuerpo y sus representaciones.