¿Degradar para dominar?

La consigna proclamada por aquellos que se autodesignan como “líderes” en este siglo 21, es “vencer a mi adversario, quien no está de acuerdo con mis posiciones, hablando mal de este, llevando a la luz pública sus errores personales y no los profesionales a la “masa”, pues es la única vía que tengo para fundirme con un gran mesías”.

Pero en este juego rastrero y sucio, ha caído el pueblo, un pueblo llevado a la miseria, a la ignorancia académica y al borde del abismo, justamente para poder someterlo y no gobernarlo. Y todo aquel individuo quien desea educarlos y abrirle los ojos a la realidad será vituperado e injuriado, incluso hasta con la familia, porque son las armar rastreras como última acción que tiene quien viene, no con buen sentido de trabajo por un pueblo abnegado, sino a mantenerse cada vez más poderoso y rico a costa y arrasamiento de quien se interponga en su camino.

Aquel funcionario correcto y no corrupto, que desea trabajar por el pueblo sin inmutarse a las amenazas y chantajes, le inician una carrera sin cuartel de persecución y difamación, y le cierran las puertas de cualquier inversión de su entidad para demostrar que es un inepto y corrupto sin serlo. Pero, un pueblo con una escasa formación académica es fácil de envolver en este juego macabro y sucio. Pero aún más, juego seguido quienes tuvieron la suerte de educarse a nivel superior, pero por miedo, no sé a qué, pasan de agache y aceptan por debajo de la mesa, la difamación del opresor. La doble moral de quien megáfono en mano grita que nuestro vecino es una amenaza, olvida que existen dictaduras de izquierda, pero también de derecha.

La calle es el escenario perfecto creado por quienes hoy se mantienen en el poder, para “denunciar” difamaciones y bajezas de quienes, siente ellos, son sus verdugos intelectuales, de quien, con su preparación y formación, somos piedras en sus zapatos que intentan advertir los atropellos y malos manejos de sus entidades.

Por eso hemos escuchado y leído propuestas desde ángulos corruptos de amordazar el pensamiento crítico de los profesionales de la educación pública. E incluso, se nos compara con “lo mejor” del producto de la educación opuesta. Olvidan esos autores que los mayores corruptos de este país, nunca pisaron una escuela roída y tendiente a colapsar, por el paso del tiempo y asfixiada en recursos del estado. Jamás se ha adoctrinado a nadie, si así lo fuera, Carlos Gaviria Díaz, eminente y transparente representante de la jurídica en Colombia, hubiera sido presidente de Colombia. Los grandes líderes sociales estuvieran ocupando cargos de relevancia en este país y no siguieran siendo hay una cifra más de asesinados. Esa es la verdadera tiranía impuesta, difamar, desaparecer y asesinar a quienes son opuestos a los que hoy están congelados en el tiempo en el poder. Lo privado no forma líderes, forma empresarios y políticos de blanco oscuro trasegar. Señor expresidente: si lo público no es bueno, entonces ¡suéltelo!