Derechos humanos… La Guajira espera su verdad

“Hoy me llaman Marimbero, por cambiar de situación, y no piensan si primero, si primero, fui gamín o pordiosero, sin ninguna educación, hoy porque tengo dinero, hoy me persigue el gobierno, hoy quieren saber quién soy”.

El aparte transcrito corresponde a la canción titulada ‘El Marimbero’ de la autoría  de  Romualdo  Brito,  la cual grabó con su voz acompañado  de  la  agrupación de ‘Los Hermanos Meriño’; está en el LP ‘Con el palo en la mano’ que grabaron en el año 1979, la cual vino a mi mente a propósito de un importante evento en el cual intervine como panelista.

Gustoso y complacido recibí y acepté la especial invitación para hacernos partícipes de un encuentro académico que da cuenta de los talones a la mollera la proyección social de una Universidad de La Guajira, a la cual no solo van  los  muchachos  a  estudiar para vivir el mundo sino para contribuir a su transformación,  porque  finalmente el  título  que  honrosamente reciben,  no  será  una  carta de liberación del estudio sino la notificación de que llegó el momento de comenzar a estudiar en serio.

Mi  satisfacción  al  participar  fue  mayor,  porque  el tema que ocupaba la atención de todos ‘Los derechos humanos’, tiene una importancia trascendental respecto de la vida y la integridad personal, en este país a donde el valor civil llega exactamente hasta donde empieza el instinto de conservación; evidentemente nos estamos refiriendo a los bienes jurídicos más preciados del individuo, tutelados como derechos Derechos  Constitucionales fundamentales.

Si  torcemos el cuello a la historia reciente y también a la pretérita de la vida institucional  de  La  Guajira, fácil  resulta  identificar  dos puntos negros que oscurecen  con su sombra los derechos humanos  de  quienes  habitamos esta tierra bendita al nivel del mar, el primer punto tiene que ver con un procedimiento punitivo que tiene su fuente en la distorsionada interpretación  del  derecho consuetudinario indígena,  y el segundo con una política estatal equivocada por parte de un gobierno en su lucha contra el delito.

Preliminarmente,  ha  de precisarse  que  el  espinoso tema  de  los  Derechos  Humanos en La Guajira tiene unas connotaciones especiales, porque como se sabe, el artículo  11  Constitucional nos advierte que “El derecho a la vida es inviolable”,  también nos dice que “No habrá pena de muerte”, en el lugar más  septentrional  de  este país, cualquier mal queren-cia inmerecida se paga con la vida, constituyéndose en fresa al postre de un fenómeno de transculturación inversa que se presenta cuando los alijunas  equivocadamente pretendemos emular a nues-tros hermanos wayuú con la famosa expresión de “Español la hizo Español la paga”

La equivocación es palmaria, y en lugar de aprender de los usos y costumbres del pueblo indígena más representativo del país, en la primacía de la realidad, se da es aplicación a la Ley del Talión, porque entre la ofensa y la guerra  entre los wayuú hay un proceso de mediación, liderado  por  los  putchipus, hombres  sabios,  prudentes y  expertos  en  mecanismos alternativos  de  solución  de conflictos,    mediación  que generalmente  termina    en una  amigable  composición, en una transacción o en una conciliación  con  reparación del daño antijuridico, a los bienes,  a  la  moral,  o  a  la vida, pero entre los alijunas eso es imposible por razones de  orgullo,  por  machismo y por ignorancia, por eso la respuesta al daño es la venganza  automática,  en  eso nuestros indígenas nos dan una  lección  indiscutible  de civilidad, para ellos los dere-chos humanos son sagrados, para nosotros por encima de lo  humano  está  el  derecho que  cada  quien  se  abroga de decidir si los demás pueden seguir viviendo o no, los wayuú, hacen prevalecer la fuerza  de  los  argumentos, los alijunas hacemos que se imponga el argumento de la fuerza, en ese escenario resultan nugatorias todas las disposiciones del Bloque de Constitucionalidad  destinadas a la protección de los Derechos Humanos. 

La  segunda  sombra  la constituye  la  vorágine  de acontecimientos  sucedidos como  consecuencia  de  los  abusos  del  Estado  que  en un periodo constitucional de discutibles procederes desde el 7 de Agosto de 1978 hasta 1982, con el pretexto de combatir, el cultivo, tráfico y comercialización de la marihuana, echó mano de los instrumentos represivos criminalizantes  y  restrictivos  de las garantías individuales, el denominado estado de sitio previsto por el tenebroso artículo  121 de la Constitución de 1886, aquella que decía que  la  soberanía  reside  en la Nación y no en el pueblo como lo dispuso la Asamblea Nacional  Constituyente  de 1991. 

Nos encontrábamos entonces en los albores de la denominada bonanza marimbera, ese  periodo  de  abundancia, excesos, folclor y éxtasis para un pueblo injustamente acorralado por la pobreza, las carencias de servicios públicos, falta de educación y el abandono  estatal,  circunstancias que cambiaron por el ilícito negocio de lo que algunos denominan la mala hierba que para la gente que mereciendo todo no tenía derecha a nada fue la hierba bendita. 

Como les decía, el Gobierno nacional con el fin de acabar con el negocio que surgió en momentos que los perros comenzaban  a  dormir  en los fogones, creó un cuerpo policivo  armado,  con  todas las  facultades  para  aplastar los derechos ciudadanos, presumiendo  que  todos  los guajiros eran bandidos, asumieron el control del campo, las normas protectoras de los derechos  humanos  dejaron de regir, y se dedicaron mas al saqueo y a los asesinatos de inermes campesinos que a  combatir  el  trafico  de  la marihuana, para ellos, acabar con las pulgas requería matar a los perros, la Procuraduría permaneció como el disco de Shakira, ciega, sorda y muda ante el clamor de la ciudadanía que pedía cesar los atropellos, que cesara la violencia oficial, hubo desaparecidos, violación de mujeres, niñas y adolescentes, ajusticiamientos de wayuús en sus territorios ancestrales y desplazamientos, fue sometida La Guajira a la en general humillación, esta sombra, sigue  cubriendo  la  impunidad, y sigue a la espera de su comisión de la verdad.

Evidentemente, el Estado que nunca se acordó de La Guajira,  aquella  vez  llegó pero para acabar con el negocio al cual acudió un gran sector de la población, empujado por la miseria, vino a restablecer el orden, pero matando  el  grillo  para  sacarle el pito, la rebeldía fue la actitud asumida por un pueblo sometido al terreno del conflicto, abandonado y ahora  incomprendido,  que fue  obligado  por  sucesivos gobiernos a vivir de lo que sea, y fruto de esa desatención  institucional,  llegó como  la  única  esperanza de  sobrevivir,  esa  bonanza que para unos fue mala pero para quienes estaban pasando  hambre  fue  muy buena.  Esa  es  una  cuenta pendiente del Estado con La Guajira, fue esa estigmatización y el secular abandono Estatal lo que sirvió a Julio Oñate Martínez para hacer la canción reivindicatoria de los derechos de la gente de su tierra que tituló ‘Soy guajiro’ que dice: “Hoy me critican, hoy me critican y hasta señala  la  sociedad,  pero  se olvidan,  que  el  que  reparte nunca le ha dado nada, vivo esperando, ese mañana que no  vendrá,  la  redención  yo vivo anhelando pa’ mis hermanos que están allá”. 

Igual, aquel periodo oscuro y vergonzoso para la institucionalidad, dejó plasmado el testimonio ineludible, la prueba inequívoca que “La violencia  engendra  violencia”, la muerte entonces se ensañó con todos y por todos, cuando arruinados nuevamente  antiguos  súbditos enriquecidos, comenzaron a buscar culpables, por la potísima razón de que las fuerzas armadas de la República tomó partida a favor de unos bandos para eliminar al otro, fue cuando se levantó la voz de Romualdo Brito con su canción ‘Mi proclama’ cuando dice:

“Pueblo  mío  porque  te quieres acabar, porque eres ciego, no te das cuenta, porque  no  tratas  de  recapacitar, te esta acabando tanta violencia, te lo pido por esas madres  que  lloran,  que  en su pena y su dolor matan el alma, por los niños que ahora viven en zozobra, porque ya no existe aquel que lo ayudaba, marchemos todos por nuestra gloria, sino mi pueblo se acaba”.