Desagravio a ‘Luna sanjuanera’

“Luna de diciembre, luna sanjuanera, dile que regrese, porque no aguanto, porque no aguanto vuelve mi negra”.

Como todos saben, el aparte que hemos transcrito corresponde a la canción ‘Luna sanjuanera’, la que consideramos la obra cumbre entre todas las buenas composiciones de la autoría de Roberto Calderón Cujía, canción que hemos recordado por un motivo muy especial.

El 13 de febrero reciente pasado se cumplieron los primeros 41 años desde 1979 cuando ‘Poncho’ y ‘Emilianito’ nos sorprendieron con un nuevo trabajo discográfico ‘Volumen 12’ cuando todavía en la radio sonaban y en los bailes sus seguidores gozaban de las bellas letras y bonitas melodías de canciones como ‘El Gallo fino’, ‘Enma González’, ‘Tierra de Cantores’, ‘La Virgen del Carmen’ y ‘Río Badillo’, entre otras que habían sometido a consideración de sus seguidores apenas siete meses atrás.

Fue en ese LP cuando tuvieron el acierto de incluir esa canción que venía de recibir un soberano guarapazo en el concurso de la canción inédita en el Festival de Compositores en su propia tierra, pero fue allí donde comenzó su inmortalidad, porque durante la transmisión radial del festival, como por orden del altísimo, su letra y la melodía llegaron derechitos a los oídos de Emilianito Zuleta mientras se mecía en un chinchorro en su finca, y este un día después, viajó a San Juan para llevarse ese canto y así fue posible su grabación.

El jurado aquella vez no la encontró merecedora del primer lugar entre las sometidas a su consideración durante el concurso, gravísimo error que para fortuna de la música vallenata si ocupa desde entonces el primer puesto en el corazón de los buenos sanjuaneros a quienes se les arruga el pellejo siempre que están dentro o fuera de su tierra al escucharla, por su letra de profundas connotaciones costumbristas, por la delicada descripción de la mujer sanjuanera puras y transparentes como las aguas del río Cesar y la tapa de la cajeta, el perfecto acoplamiento del color y la tesitura de la voz de ‘Poncho’ con el acordeón que parecía hablar con sentimiento ejecutado por su hermano mayor.

El jurado no lo vio triunfador, pero el tiempo se ha encargado de darle la razón a Roberto, por eso la vallenatía –para usar una palabra de Abel Medina– con justa razón rinde hoy en día en todos los escenarios el homenaje de desagravio que merece un tema musical que vive a pesar de que había recibido ya la extremaunción.

Ese himno folclórico sanjuanero tiene todos los aditamentos de las canciones vallenatas tradicionales que merecen la especial protección dentro del Plan Especial de Salvaguardia adoptado después que la Unesco, habiendo colocado el oído al suelo incluyera la música vallenata tradicional en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad que requería medidas inmediatas de protección.

Las remembranzas de serenatas que acompañaban los cantos de los gallos, la descripción poética de las noches decembrinas plenilunares, y al destacar la condición amorosa, sincera y leal de la mujer nacida bajo los ojos de Juan el Bautista, siempre bien puesta y recatada se hizo acreedor ese muchacho estudioso y aplicado al aplauso y la admiración de sus conciudadanos, eso fue un arranque de genialidad que solo le sale bien a la gente criada en hamaca, que se baña en los aguaceros y ha tomado agua de manantiales, de los ríos y los molinos de viento.

No estaría mal que algunos muchachos que con tal de sonar están descomponiendo cancioncitas irrespetuosos con las mujeres pasaran por donde Calderón, Rafa Manjarrez, Marciano, Beto Daza, Hernán Urbina, Yeyo Núñez, Beto Murgas, Gustavo Gutiérrez, Mateo Torres, Pitufo Valbuena, Chiche Maestre, el Cacha Acosta, Rosendo Romero o Romualdo Brito, para que les den unas clasecitas de cantos con urbanidad, ellos les enseñarán como lograr el perfecto equilibrio entre el derecho de cantarle a una mujer, con la justicia de la aceptación del público y la venta de sus discos.