“Despido voluntario” de los trabajadores del Cerrejón

Una vez más la cadena se trata de romper por el eslabón más débil, pero en este caso el más determinante. La reciente decisión de las tres multinacionales que explotan el carbón del Cerrejón que se suma a la sucesión de infortunios de los obreros de ese proyecto, es un evento que no puede pasar desapercibido para la comunidad del departamento de La Guajira. La intención de dejar cesantes a 450 trabajadores mediante un artilugio verbal, y en medio de un hecho singularmente agobiante como la pandemia sanitaria, además de insólito, es desalmado y cínico;  tiene que suscitar el apoyo de todas las fuerzas sociales y políticas del departamento. De propiciarse esa especie de masacre laboral las consecuencias serán catastróficas no solo para los obreros y sus familias, sino que tendrá diversas implicaciones en el resto del departamento.

La ciencia económica ha dejado debidamente esclarecido que el trabajo es el factor productivo fundamental y el único capaz de producir un mayor valor que el percibido como remuneración, por el aporte que él hace a los procesos productivos de cualquier empresa. Por ende, debería ser el más protegido, más aún en una coyuntura como la actual.

El trabajo es el factor que puede ayudar a reactivar la decaída actividad económica del departamento por su capacidad de demandar bienes y servicios, lo cual no harían ni las máquinas ni el carbón como material extraíble del subsuelo. La calidad de enclave de la actividad de extracción de carbón La Guajira y su carácter de carbón térmico cuya producción es exportada casi en su totalidad ha restringido sustancialmente su capacidad de generar encadenamientos tanto hacia atrás como hacia adelante. De manera que las expectativas creadas en torno a una serie de beneficios que produciría el carbón en el departamento, nada más distante de la realidad. Los beneficios generados versus los costos y perjuicios no permiten un balance risueño para la península.

Las consecuencias ambientales, la reubicación de poblaciones enteras, la depredación de la fauna y la flora, las perversiones de los procesos políticos en los municipios mineros, la desestructuración de los sectores económicos claves del departamento, entre otras consecuencias adversas no dan para colegir que los escasos beneficios justifiquen de ninguna manera que se haya permitido la minería en La Guajira. Pero como dice el dicho “del ahogado el sombrero”, y ya no podemos llorar sobre la leche derramada.

Entre los escasos aspectos a destacar positivamente por la minería se encuentra la generación de un número de empleos que obviamente no fueron la panacea ni por el número ni por la calidad. No está de más señalar que la minería de carbón es una de las actividades laborales más riesgosas. “Los riesgos asociados al trabajo en la minería a cielo abierto se pueden desagregar en dos categorías: los agresores físicos como el ruido, la vibración, la temperatura, la iluminación, y la humedad; y los agresores ergonómicos: posturas corporales incorrectas, diseño inadecuado del sitio de trabajo, o de las maquinas o herramientas y levantamiento de pesos excesivos. Por lo menos un millar de trabajadores del Cerrejón han sufrido severamente las patologías resultantes de esos riesgos laborales enumerados. Además,  la organización sindical Sintracarbón, no ha estado exenta de violencia antisindical en algunas de sus formas, las cuales menoscaban la lucha por los derechos fundamentales de los trabajadores.

Igualmente han sido víctimas de asuntos que se traducen en violación de convenciones colectivas, enfermedades profesionales y la salud ocupacional.  Y ahora de contera y como al “perro más flaco se le pegan las garrapatas”, las dificultades del mercado internacional, la caída de la demanda y de los precios del carbón van a recaer sobre los trabajadores. Injusto y aberrante. Cuando el precio del carbón estuvo 3 y 4 veces por encima de su costo de producción las empresas nunca repartieron las pingues utilidades de la bonanza suscitada en ese “Quinquenio Dorado”. Hablamos de toneladas de carbón por encima de US100.

Es evidente que La Guajira se va a quedar con los socavones, con un grupo de trabajadores afectados por distintas patologías de índole laboral, el gobierno nacional con los impuestos de renta, un volumen importante de regalías; las multinacionales con las utilidades, y nosotros en el peor de los mundos posibles. Solidaridad total y absoluta con los trabajadores del Cerrejón.