Día de los pueblos indígenas, con penas y sin gloria

Por Erenia Palmarroza Brugés

La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, en conmemoración de la primera reunión que celebró el Grupo de Trabajo sobre las múltiples Poblaciones de pueblos originarios en 1982.

A nivel mundial los pueblos indígenas conforman más de 5.000 grupos distintos en unos 90 países y están constituidos por 370 millones de personas aproximadamente, representando así, más del 5% de la población mundial. En nuestro caso la población wayuú se concentra mayoritariamente en La Guajira, en donde habita el 98,03% del total. Los wayuú representan el 19,42% de la población indígena de Colombia. El censo Dane 2005 reportó 270.413 personas que se reconocen como pertenecientes al pueblo wayuú, cifra que posiciona a este pueblo como el de mayor cantidad de población del país y según el sistema nacional de información cultural del Ministerio de Cultura, los wayuú representan el 38% de la población del departamento, más un aproximado de 5% entre las etnias: arhuacos, kogui, wiwa y kingui, reconociéndose a La Guajira como multilingüe y pluricultural.

Aún con esas cifras, desbordantes e importantes, no se entiende como puede pasar este día inadvertido: uno, por los administradores que gobiernan para ese número tan relevante, y dos, para los propios que son una importante cantidad, no en vano, cada mochila que alumbra el malecón de esa primera esquina suramericana le brinda el esplendor, y cada color materializa la esencia de generaciones que han tejido esta tierra con sus manos.

Recibió y pasó el día el parque de la India en Riohacha con penas y sin gloria, este que debería ser el estandarte, que en ocasiones ha pasado a ser el refugio de inmigrantes sin solución a su problemática con la mirada incólume de la policía departamental, estuvo solitario, no se le dio la mínima mirada para tal vez recordarle que su nombre envuelve de significado a aquella que ha sido la constructora y tejedora de la vida económica y cultural del departamento, que resiste al embate del tiempo y lo absorbente de una urbe que de a poco les quita lo que son, pero ellas resisten.

Cuando se habla de diversidad es importante que las administraciones ondeen las banderas de la inclusión cultural, pero más allá de eso se requieren acciones concretas que no solo visibilicen la cultura, sino que propendan por su permanencia, pervivencia y protección.

Favorecida La Guajira por albergar a la etnia más numerosa de la nación, pero tan contradictorio que, a pesar de su cifra poblacional, continúa siendo una de las comunidades más vulnerables y desfavorecidas del país.