Diciembre, su brisita y su olor

“Muchos dicen que buenas las navidades, es la época de los años, pero hay otros que no quieren acordarse, de la fiesta de año nuevo y de aguinaldos”.

Fue en el LP que Diomedes y Colacho titularon ‘Para mí fanaticada’ en diciembre del año 1980 que incluyeron por fortuna para la música vallenata ‘Mensaje de Navidad’ de la autoría de Rosendo Romero, uno de los himnos adoptados para esta fiesta por el gusto popular, es letra de esa canción el aparte transcrito preliminarmente que al escucharla arruga el corazón y nos transporta a nuestros tiempos de muchacho cuando todo se bailaba y en la Navidad nadie temía.

Muchas son las cosas que han cambiado en nuestros pueblos, pero el olor de la temporada navideña me di cuenta que permanece incólume, mientras asistía a la eucaristía a la memoria de un familiar el 9 de diciembre pasado, al mirar el cielo inmenso azul y una luna grande que salió de sus aposentos antes de morir el atardecer sentí sobre mi piel una brisita colada igual a la que sentíamos en aquellos tiempos, fría, abrazadora y humectada por los manantiales de ‘La Guayabita’.

Al escuchar el canto lejano de un gallo detrás de nuestra casa recordé que mi vieja decía que en diciembre ellos cantan a cualquier hora, y que no era extraño ver a los perros salir corriendo a toda velocidad para los montes como huyendo de algo o como si los estuvieran llamando, ese canto largo, profundo, desgalillado y desafiante también nos trajo a la mente la gallera que quedaba detrás de la casa de ‘Palle’ Medina, construida con guaduas y palmas debajo de unos palos de trupillos grandísimos, a donde se realizaban riñas de gallos cada veinticuatro de diciembre y venía gente de toda la región y no estaba restringida la entrada de los niños, era divertidísimo ver a los apostadores, fumigando sus gallos con agua soplada desde su buche para refrescarlos antes de tirarlos a la valla.

Durante las galleras las mujeres del pueblo se rebuscaban con la venta de sancochos y de pasteles de cabeza de cerdos, los hacían de arroz y también con masa de maíz, adobada con vinagre criollo y achote que nuestras abuelas sacudían con un achotero de calabazo envueltos en hojas de guineo inicialmente y con posterioridad en hojas de bijao, eso era delicioso y era ineludible chuparse los dedos, las expertas en el tema eran la tía Digna Rodríguez y la vieja Adelina Pérez, ellas se llevaron esos secretos a la tumba porque nunca los he saboreado igual, su olor era inconfundible y sigue siendo inolvidable.

Hasta el olor de las chispitas mariposas, las que nosotros llamábamos ‘Lluvia’ ha cambiado y ahora los niños se queman, en aquellos tiempos nadie se quemaba, tampoco estaba restringida su venta y nada pasaba, ni ‘Guardián’, el perro de Josefa Brito, se quemó cuando le amarraron una encendida en su rabo ni el ‘Chuto’ de Cecilia Medina tampoco, a pesar de que solo tenía un pedacito de cola, ellos al ver la vaina encendida salían despavoridos derechitos para su casa, era entonces un espectáculo formidable, eran las travesuras de la muchachada que no tenía internet, ni televisión, ni redes sociales ni servicio de energía pero si una genialidad inigualable para inventar motivos para divertirse.

Ahora los pelaos andan más pendientes de el licor y las redes sociales que de fiestar, confunden fácilmente una borrachera quemando neuronas, con la diversión, creen que una ronera sustituye el disfrute de un buen baile, y en los días especiales cuando toda la humanidad está de regreso para compartir con la familia, ellos prefieren salir del pueblo para compartir con los nuevos amigos que generalmente son los transmisores de los malos ejemplos, para ellos la navidad “No es na” es un mes cualquiera que sirve de pretexto “Pa bebé” y estrenar ropa y teléfono de alta gama para competir con los ricos, ellos no sintieron el olor del triqui traqui, nunca se les pegó de la uña una pastillita azul que así se llamaba y que rasgábamos en las paredes para ver saltar sus chispas bulliciosas.

Cuanta falta hacen aquellos que nos abrieron los caminos y nos enseñaron tantos valores, su ausencia es notoria y en estos días su vacío es más ostensible, ellos hacían que todo fuera maravilloso y nuestra vida divertida y feliz… insistimos, quisiera abrazarlos de nuevo.