Dientes de leche

Dentro de un agite en el envío de notas de aclaración y protestas abajo hacia arriba y viceversa han mostrado y develado el panorama oscuro que ha venido arreciando en contra de todo aquel que levante su voz en este país polarizado en odios y desafuero contra aquel que denuncia el exterminio sistemático a que es sometido por multinacionales, gobierno, fuerza pública, fuerzas al margen de la ley y de todo aquel que crea tener el poder suficiente de acabar con el que se atraviese.

Al parecer, lo prometido por este gobierno quedó en hojas de discurso que el viento se llevó en aquel 7 de agosto. La inequidad en Colombia no se rompe mientras exista un pueblo ignorante de política y adverso de entenderla. El respeto a los derechos humanos no existe. La cifra escandalosa y tenebrosa de muertos defensores de causas sociales va en aumento, sin que el lente de la Fiscalía mire más de lo que no quiere ver. Las redes sociales se han convertido en el medio para afirmar lo que no es, pero lo importante es desinformar para que el odio, la intolerancia, el rencor y la xenofobia sigan en aumento.

No nos engañan. El gobierno solo escucha por un solo oído, a la voz del partido ignorando a los que desde el otro tímpano gritan a voces sus yerros que al unísono de un partido le habla al presidente sin que los demás por educación, seamos escuchados. Un ejemplo de ello está al llamado a un gran acuerdo nacional sin que, por educación, haya invitado a los partidos de oposición. Pero en estos nueve meses de gobierno, el presidente solo alcanza una popularidad del 9%. Si bien es cierto, que el presidente debe escuchar a quien lo llevó en hombros a casa de Nariño, también del otro lado, debe tener a quienes, desde otra mirada, tienen visión de país. De tal forma que le permita tomar decisiones en razón y no, de presión, sin gritos e insultos.

Hoy, la cúpula militar atraviesa un devenir de un oscuro y nefasto gobierno por quienes “dominan” al mundo en aspectos de economía, inversión, dinero, poder militar, lobby y demás. Pero, ¿acaso los líderes y lideresas sociales vivos y muertos no lo habíandenunciado antes? ¿por qué temblamos y “volamos” a dar explicaciones al exterior? Está saliendo la verdad poco a poco a la luz, que no escapa a la justicia divina, que tarda, pero llega.

A esos mártires callados por las balas cobardes de quienes no se atreven a disentir y debatir lo que se denuncia. A quienes se oponen a las migajas dadas en regalías y proyectos extractivos y destructivos “legales”, jamás pueden equipararse con la existencia humana y preservación del planeta, el desplazamiento forzado, las desapariciones por fuera de ley, la corrupción y el abuso del poder no pueden oscurecer a Colombia a pesar de tener enmantado a América latina. Pero la historia ha demostrado que la muerte de valientes sirve para que los callados emerjan del túnel oscuro del silencio, la miseria, el hambre, del abandono estatal, de la falta de oportunidades y empleo. Desempleo que hoy está en el 12%, desempleados que solo sirve para aumentar el caudal electoral politiquero de los que hoy gobiernan sin sentido social. Hemos mudado nuestros dientes.