¡Din… me duele el corazón!

“Esa gente a la que tú tanto ayudaste no hacen más que recordarte y siempre te extrañarán”.

Con mi corazón entristecido, en este día que en el futuro no quisiera recordar, he recordado el aparte transcrito de la canción titulada ‘Adiós a un amigo’ registrada a nombre de Euclides Enrique Coronado, ante la brutal noticia de la partida para siempre de un ser humano excepcional.

Definitivamente el virus maldito ha descargado toda su letalidad sobre la gente que hace falta a sus semejantes, ya no encontramos las palabras que se requieren para expresar nuestro dolor ante tantas partidas inmerecidas e inesperadas, lo que estamos afrontando, es una dura prueba y sentimos que le está quedando grande a la humanidad.

Nuestra familia y nuestro pueblo, hemos tenido que hacer un aporte de inconmensurables connotaciones en este desastre global, seis de nuestros familiares sepultados por la misma causa en los últimos cinco meses es demasiado, esta vez, ha partido a su encuentro con el altísimo, Melis, Din, Mi prima, Mi comadre, mi hermana, razón poderosa para sentirnos particularmente estremecidos, era nuestra representante para todas las cosas de nuestra casa en Monguí, y su casa era nuestra casa, el punto para la tertulia y apoyo para todas nuestras causas benéficas, ella siempre estuvo en primera fila, la última vez, fue el 23 de diciembre cuando entregamos los regalos a los niños.

Se nos fue, en la plenitud de su primavera, y sin dejar heridas, solo consideraciones y cariño, porque su alegría natural, hizo posible que pasara por este mundo sin pelear con nadie. Docente por vocación, líder innata, trabajadora responsable, hija, esposa, madre y familiar solidaria y ejemplar, su recuerdo nos quedará como huella indeleble en nuestro corazón, desde ahora, hasta siempre, la extrañaremos al llegar al pueblo, porque esa visita era ineludible, obligatoria y necesaria para una buena estadía.

Se fue en silencio, como discreta fue su vida, le sobreviven como testimonio terrenal de su paso entre nosotros, su esposo Esliber, el primo de todos, su amor desde niños hasta la muerte, y sus tres muchachos, Naty, María Alejandra y Jaime, ‘El Ñeco’ mi ahijado a quien ella le decía ‘Santo’, porque eso era esa criatura para ella, por quien tuvo que sufrir muchísimo debido a una patología hereditaria, que cada cierto tiempo reverdece y por ella ella vivía para él.

Ha partido la alegría de la familia, pero no se apagará nunca en mi corazón la llama de la gratitud por ser tan generosa con nosotros, compinche de mi esposa, y atenta con mis hijos, fueron muchos los momentos gratos compartidos, cada vez que yo iba a la finquita que tenemos, la mandábamos a buscar para pasar juntos el día debajo de los palos de mango, haciendo reminiscencias y cocinando entre todos, ese vacío es ostensible, imposible de llenar, ya los paseos no tendrán la misma gracia, y seguramente también nos extrañará.

Din ha partido en paz, ha entrado ya con gozo al aposento celestial, donde el que todo lo puede, Baba y Mama nuestros abuelos, mi madre, su padre y toda su gente le harán compañía en el disfrute de la verdadera vida, allá donde duerme el descanso eterno, para hacer posible que brille para ella  la luz perpetua, ellos intercederán para que venga a todos desde el cielo el bálsamo del consuelo, porque la resignación ante esta pérdida irreparable es imposible.

No hay duda, Dios está satisfecho porque se llevó cuando quiso, un pedazo de nuestro  corazón, él sabe que significaba ella para nosotros, sabe que siempre que sienta el olor del café estará ella presente en mi mente porque recordaré que se daba fama cada vez que llegábamos a su casa de preparar el mejor café del mundo, porque se lo traíamos de río Seco en el Cesar, los 31 de diciembre sin ella en la puerta no serán igual, cuando vuelva a ver los recibos de servicios públicos de nuestra casa, también se le recordará porque cada mes ese capture a mi wasap era infaltable, no volverá a prender la luz durante las noches en nuestra casa, pero si se encendió para siempre en mi corazón la lámpara votiva  que impedirá que muera algún día., porque solo se muere la gente que se olvida, y olvidarla a ella es imposible.

¡Din… me duele el corazón!