Discurso consistente

Un discurso consistente es aquel donde el conjunto de argumentos expresados es coherente con los principios políticos que se defienden y tiene una identidad con las acciones que se exteriorizan en la cotidianidad. Esta virtud denominada -Consistencia- puede hacer la diferencia dentro del próximo debate electoral y nosotros los electores debemos ser sus escrutadores.

Probablemente es más fácil ser consistente cuando nuestra posición política se encuentra en cualquiera de los extremos, en donde la línea discursiva es recta, sin matices, muchas veces radical y que mantiene cohesionados a sus adeptos y seduce sectores radicales. Para cualquier sector de derecha o ultraderecha, se le hará fácil despotricar del proceso de paz, atizar el odio frente a los “verdugos”, promover políticas como la seguridad democrática y la confianza inversionista. Mientras que el otro extremo promoverá la transformación de latifundios improductivos, el fortalecimiento de la educación pública y defenderá opciones populistas en desmedro de la estabilidad económica.

Es más difícil de evidenciar esta virtud cuando se está frente a una posición política de centro, allí la visión de la realidad y las soluciones no son inflexibles, el razonamiento de centro es de matices, ecléctico, donde se analizan las ventajas y desventajas para construir una mejor respuesta. Es un discurso oportunamente tildado de tibio, dado que no es un caliente de mano fuerte, pero tampoco es frío, soso o impávido.

En un país de ánimos caldeados como el nuestro, en donde la mayoría de las personas creen que vamos por mal camino y donde se evalúa con el mismo rasero de desfavorabilidad al Gobierno, su partido y los partidos de la oposición, resulta complejo augurar o sacar debajo de la manga un as que permita decantar la próxima contienda política presidencial.

La reconstrucción de una sociedad polarizada y fragmentada exige una posición atemperada que permita hallar puntos de encuentro, que genere espacios de conversación nacional. Mauricio García Villegas, en su libro ‘Virtudes cercanas’ describía al exmagistrado de la Corte Constitucional, Ciro Angarita, como un hombre perseverante, quien en la mayoría de sus sentencias mantenía un criterio y fijaba salvamentos de votos ante la posición de las mayorías, salvamentos que después de unos años fijan línea jurisprudencial en varios tópicos. Eso necesitamos, insistir en la necesidad de un diálogo multisectorial, que nos permita más pronto que tarde construir confianza.

Se necesita un discurso político en donde las palabras sean equivalentes a las acciones, sin arribismos ni oportunismos, un gobierno que nos sirva de puente para transitar de este momento de crisis, hacia un país en donde todos nos remanguemos las camisas para tirar hacia el lado del progreso y el bienestar social.