¿Dónde aprendiste a odiar a Gustavo Petro?

La popularidad del senador Petro en Colombia surge por sus grandes debates en el Congreso en contra del paramilitarismo y la corrupción que le han dado victorias democráticas limpias y contrasta con una antipatía en algunos sectores. Su favorabilidad se da gracias a su compromiso con los sectores más necesitados y vulnerables y a un innegable conocimiento profundo del país. En cualquier charla casi siempre los menos informados señalan: “Yo no gusto de Petro”. Es la mínima expresión de algunos, cada vez de menos. ¿Dónde comenzó la construcción social de esa emoción?

Es una forma de pensamiento construida comunitariamente mediante procesos de comunicación grupal, con un carácter práctico, en tanto les determina el comportamiento a algunos miembros mediatizados dela sociedad y permite que puedan encontrar un soporte de su identidad. La realidad para ellos, por tanto, es una construcción intersubjetiva, un mundo compartido. Allí las matrices mediáticas han hecho un excelente trabajo de manipulación ideológica a favor de los paramilitares, neoliberales y capitalistas salvajes, enemigos viscerales de Gustavo Petro.

Es la imagen, idea o noción que se forma en el psiquismo producto del bombardeo de información, pues la radio, prensa y televisión de propiedad de los círculos de poder señalados, no dejan siquiera pensar al promedio de los colombianos, que no pasan de los simples titulares, diseñados más para confundir que para informar. Por ejemplo, si Petro como líder de la oposición propone la desobediencia civil ante muchos de los absurdos y amañados decretos antipopulares presidenciales, la gran prensa no cuestiona las medidas, sino que se va lanza en ristre contra Petro, señalando que quiere encender al ya encendido país. Confundiendo adrede desobediencia civil con insurrección.

El mejor debate del senador Petro fue la valiente investigación sobre el paramilitarismo en Antioquia en 2007, cuando demostró los nexos de los Uribe Vélez con su creación. En ese momento Gustavo Petro Urrego dejó de ser un desconocido a nivel nacional y como consecuencia su familia tuvo que exiliarse amenazada. Su oficina en el Congreso de la República, dominado por parapolíticos, fue allanada y Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia, dio una rueda de prensa para defenderse donde confesó, sin quererlo, que le hacía inteligencia militar y del DAS (en manos de delincuentes). Razón poderosa del porqué la clase política tradicional (aliada de Uribe) y sus medios de comunicación deforman sus opiniones y propuestas políticas.

Sin duda hay un equipo periodístico cazando cualquier comentario del personaje, para darle la vuelta y lanzar cortinas de humo en torno a los problemas denunciados. Su torpedeado paso por la Alcaldía de Bogotá, palabras de Horacio Serpa Uribe, tiene comentarios contrarios: el de la gran prensa nacional y el de la prensa internacional. Cada una de las declaraciones de Gustavo Petro después de ser filtradas, procesadas y algunas veces descontextualizadas por la prensa colombiana, por arte de magia hace que nos olvidemos de los problemas de Colombia, verbigracia: lo que incendia al país no es la Reforma Tributaria, es la invitación a protestar. Según algunos medios vergonzantes lo ocurrido en Cali es responsabilidad de Petro.

La propaganda antipetrista se fundamenta en su pasado “guerrillero”, aunque se desmovilizó en 1990. Lo que no aplica para sus colegas mayores que militan en el Centro Democrático como Angelino Garzón, Rossemberg Pabón, Eduardo Chávez, Carlos Lucio, Augusto Osorno y Everth Bustamante. Éste último, alto dirigente del M-19 y senador uribista, quien afirmó que Gustavo Petro nunca tuvo responsabilidades militares en el movimiento. Todos ellos representaron la fuerza política más importantes en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y junto con liberales y conservadores crearon la nueva Constitución Política.

Algunos creen que el mal gobierno de Duque le hace la campaña a la oposición. Sin dudas el ascenso de Petro se debe a la democratización de la información; ya la gran prensa no tiene su hegemonía y, por otro lado, él tiene una propuesta de país que recoge las banderas abandonadas del difunto Partido Liberal.