Dónde están los poetas de mi tierra

Se están cayendo las estrellas del cielo, igual que los seres humanos del árbol de la vida. Se han callado los poetas y hasta el sinsonte se perdió en el espeso monte. Mi pueblo ya no es, lo que fue ayer, ese pueblo glorioso de autores y compositores. Emporio de serenatas y canciones a lo lejos. Están solos los viejos ventanales y ya no se ven racimos de luceros por las noches, ni la novia deslumbrada por los besos de ciruela y los arreboles de la tarde con su sonrisa de cielo.

Ya mi San Tropel eterno no parece él. Las noches de bohemia y de licor ya no tienen inspiración ni dejan su marca imborrable en la humanidad. El astro rey quiere fritarnos de venganza y la luna sanjuanera nos cobra caro la indiferencia, no podemos seguir viviendo por vivir, ni reír por reír, la vida hay hasta que saberla llorar, para que la tierra mojada por nuestras lágrimas le sirva a la posteridad y los amores de Romeo y Julieta no acaben jamás.

Dónde están los poetas de mi tierra que la hicieron grande. Esos que le cantaron a la luna y a la gaviota herida. También a un sol de acordeones, a la estrella que lo vio nacer y a la pobre infancia. Ese que se tropezó con el ángel del camino y afirmaba que no pasaría lo mismo. Dónde está el más fuerte y el cacique, rey de esta tribu de poetas y románticos sentimentales hasta morir.

Ayer recorrí mi pueblo en busca de esos recuerdos y me atropelló la nostalgia y la tristeza. No hay con quien conversar fugazmente en sus calles solitarias, dónde están los repentistas y verseadores de cuatro, ocho y hasta diez palabras. Allí están sus plazas y la torre moruna de la iglesia, pero del río Cesar sólo queda su semblanza. Qué se hizo toda esa magia y la belleza exótica de las mujeres que nos llevaban a subir cardones y a bajarles el cielo con la imaginación de un soñador. Para dónde se mudó la musa y la inspiración. Porqué hoy es tan dura la realidad que nos agrede y nos envilece cada día como bien lo escribió Neruda: “Es tan corto el amor y tan largo el olvido”.

Hoy no se le hace un juramento a la mujer amada ni se manchan las piedras del pueblo con nuestra sangre si dejamos de quererla. Será la musa o serán los poetas los que van en vía de extinción. Si los motivos más elocuentes siguen ahí y no se han mudado para donde se mudó la inspiración. Si las aguas del río aún corren ansiosas pa la tierra mía. Si las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia aún revolotean en las casimbas de la Malena y el río Badillo.

Porqué hoy el alma del poeta enamorado con la misma boca que halaga a su amada la ofende y la maltrata con versos de despecho y desamor. Si un poema es un verso de amor y de vida por qué lastimamos con versos a la esencia de la vida que yace en la mujer.

Dónde están los poetas de mi tierra, esos que volvieron sublime el amor con sus obras y la grandeza de su talento. Esos que, sin proponérselo, se metieron en los corazones y las mentes populares de mi tierra. Esos que, como los gallos de riña, su raza no permite corrérsele a su adversario. Esos que llegaron temprano al reparto de los talentos y Dios les dio la potestad de escribir un libro completo de cuatro versos, haciendo de la vida una canción.

Por qué se han callado los poetas, dónde están sus versos, dónde está su musa, dónde están sus canciones, porqué su locura sagrada ya no produce las mismas o mejores canciones, tan románticas como ayer. Ahí está ‘la provincianita’, ‘mi muchacho’ y ‘las muchachitas’. También ‘luna sanjuanera’, ‘el firme’, ‘el romancero’, ‘una aventura más’,’ la primera cana’ y ‘el ahijado’. Todas piezas antológicas y páginas de oro de las melodías que se escucharon en mi tierra y que son inmortales. Será que es mejor el silencio de los poetas que la arritmia y la disonancia de hoy. Será que el silencio es más elocuente que las modernas melodías sin son ni ton. Que canten los poetas de mi tierra para que sus canticos se oigan en las puertas del cielo como los villancicos en las navidades.