Dualidad entre la intelectualidad y la espiritualidad

A través de la historia siempre ha existido una conectividad entre el intelecto y el espíritu. Uno y el otro van con una conectividad que sorprende a más de uno.

Para otros esta dualidad única entre la intelectualidad y la espiritualidad está llena de misterios cósmicos. Es la energía en movimiento del universo la que nos lleva de un estado a otro. El espíritu que es parte de nuestro Dios creador que va adherido a todos nosotros, nos fortalece y nos aumentan la ciencia y la sabiduría que siempre ha caracterizado a grandes hombres de la humanidad.

Albert Einstein, uno de los científicos más grandes que ha tenido la humanidad, poseía un alto coeficiente intelectual, pero al mismo tiempo poseía un alto grado de espiritualidad y lo manifestaba en diferentes pensamientos que dejó escrito para la posterioridad. El mayor atributo de Einstein era su temor al Dios creador. Un genio de la ciencia que admiraba a quien le había dado ese don, como lo es el Dios supremo de este universo y de esta galaxia donde se encuentra inmersa el planeta tierra.

Un hombre grande que transformó la ciencia para bien de la humanidad, una de sus mejores herencias fue la ley de la relatividad. Su grandeza todavía reconocida por la humanidad donde existía una conectividad muy profunda entre su intelecto y su espíritu, que es parte o la misma esencia de las religiones o como se atreven a afirmarlo algunos que es la parte alienígena que llevamos por dentro de nuestro creador, que es el espíritu inmortal de la energía que Dios nos da al momento de nacer.

Así en la vida cotidiana nos encontramos con personas comunes y corrientes que mantienen una conectividad tan alta entre su intelecto y el espíritu dador de vida y de conciencia. Mantengo una relación amistosa con una persona profesional en todo el sentido de la palabra que con sus 34 años, esta mujer me asombra por su madurez intelectual, su capacidad para discernir de temas tan profundos de la vida humana y lo que más me asombra es su espiritualidad que va en dualidad con su intelectualidad y que ella misma reconoce que otras personas se han dado cuenta de su profundidad en los temas cotidianos y de su afinidad con personas mayores que ella que a más de uno deja abismado en su razonamientos y en sus sindéresis tocando los temas más profundos de la realidad humana. Así como esta amiga especial de nombre Loreé, pueden existir miles de personas que no se han dado cuenta de la grandeza que Dios ha puesto en ellas o en ellos de dones inexplorados e inexplotados y que se podrían convertir en genios de su región para beneficio de su comunidad.

Y lo más importante, lo impactante y lo subliminal de estas relaciones amistosas que no se dan al azar como la gente cree sino por “un hilo invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, el lugar ni la circunstancia. El hilo se puede estirar o enredar, pero nunca se romperá”, he ahí parte de lo que los seres humanos muchas veces bautizamos como misterios, pero no es la dualidad entre el mismo intelecto y el mismo espíritu que se encuentran en el tiempo con otro de la misma naturaleza como si ambos hubieran vivido estas experiencias en otras dimensiones.