Efebocracia: el gobierno de los jóvenes

A propósito de las elecciones de los Consejos de Juventud en Colombia, recuerdo una época memorable de mi vida como personero de mi amado municipio, Fonseca, precisamente en una ocasión en la que me invitó el profesor Carlos Julio Gómez para dialogar con las estudiantes del colegio Roig y Villalba en víspera de las elecciones de personero estudiantil, en donde encontré mucha simpatía con sus compañeros aspirantes.

Me sorprendió en un punto de intervenciones, muy acertada por cierto, cuando hablamos de la política nacional y local, en donde la empatía por los políticos fue mayoría, lo que me obligó durante mi intervención intentar cambiar posiciones y utilicé como fundamento ‘la legitimación de las instituciones’, pero por mucho que pude hacer alarde de una buena oratoria, al final sentí que fue un discurso anodino. Mi reflexión de todo es que, para poder convencer a los jóvenes, la fórmula indiscutible son los hechos, que sin lugar a dudas serán irrebatibles en cualquier época.

La elección de los Consejos Municipales de la Juventud ratifica que sin la participación de los jóvenes el sistema democrático carece de legitimidad y creatividad. En Colombia, para el año 2020, se estimó una población de 12.672.168 jóvenes de 14 a 28 años que representan el 25% de la población total según el Dane y además conceptualiza que en esta etapa la persona se encuentra en proceso de “consolidación de su autonomía intelectual, física, moral, económica, social y cultural, que hace parte de una comunidad política y en ese sentido ejerce su ciudadanía”.

Por la polarización indiscutible que existe en el país, y lo digo con conocimiento de causa, es innegable una clara tendencia a la desconexión de los jóvenes de la política convencional. Muchos prefieren el activismo, la defensa de ciertas causas sociales, el voluntariado, pero no militar directamente en un partido político, inclusive, el tema de listas cerradas es un algo que no les agrada mucho y los partidos no han sido los más seductores por la falta de confianza  hacia ellos y la falta de divulgación de sus principios y su coherencia con los militantes que los representan, aunado a un agravante, la memoria política de los jóvenes es inevitablemente pesimista, al recorrerla predomina lo más negativo. Los jóvenes desarrollan un concepto negativo de los políticos, muy congruente a su imagen de la política. Son pocos los políticos que tienen su aprobación y que causan su admiración y los partidos no representan los intereses de la sociedad y han terminado en una representación limitada, circunscrita a sus propios intereses.

Por lo tanto, los líderes políticos y partidos debemos generar, a través de hechos, confianza y credibilidad. Si se sigue y ordena bien la lógica de la juventud, la reconciliación entre la política y la juventud será no solo una cuestión de educación cívica, en realidad, los jóvenes buscan un cambio radical. Explíqueles que la política es algo más de lo que piensan o han conocido, si todo sigue igual a sus ojos todos los días. Los mejores cursos cívicos son aquellos que comienzan mostrando cambios. El mejor ejemplo es lo que hacemos más que lo que decimos.

Aplaudo de esta elección la participación paritaria de las mujeres, la cual no debe reducirse a buscar solo cuotas de género o mujeres que accedan al poder solo por ser mujeres, sino que ese primer reto de las mujeres jóvenes en el ejercicio público sea el de despatriarcalizar la política.

Así las cosas, definitivamente en nuestra sociedad debemos entender que estamos en época de Efebocracia y que la misma juventud lo haga, como dijo alguien alguna vez, “jóvenes, haced política, porque si no lo hacéis se hará igual y posiblemente en vuestra contra”.