El alcalde que San Juan necesita

San Juan del Cesar en esta coyuntura necesita un alcalde con sentido de pertenencia, carácter y liderazgo. Que no se crea tan sabio y le inspire confianza al pueblo, además de que tenga solvencia moral y manos limpias.

La actual situación político-administrativa del municipio no aguanta otra equivocación del elector. Está en juego el desarrollo del municipio y la calidad de vida de sus habitantes.

Es bueno que el pueblo evalúe también, de que ha servido el carisma y la sencillez de algunos, frente al conocimiento y la experiencia que se ha desechado de otros, que es lo que tiene a nuestro pueblo sumido en el atraso y la desidia.

San Juan requiere un alcalde con agenda propia y bien rodeado, que no crea que se las sabe todas ni que venga a ser una marioneta ni un títere de aquellos que se ubican detrás del solio del poder para mandar.

Recordemos que quien compra la elección es quien pone después la condición. La experiencia nos indica que quien invierte una suma multimillonaria para administrar el municipio, después llega a despacharse con el erario público para pagar deudas de campañas y el pobre pueblo nada que ver. El estado de opinión en San Juan ha despertado unas barras bravas que no están dispuestas a dejarse arrebatar ni sus sueños ni sus esperanzas por este asqueroso sistema electoral que no elige al que quiere el pueblo, sino al que compra a los incautos, que no saben lo que hacen.

También observo que los que tienen en sus manos el voto programático y hacen parte de la gruesa fila de abstencionistas, están al acecho, esperando como se mueven las aguas para dar su estocada final. Nadie cumple la palabra empeñada, no le cumplen al pueblo sus promesas de campaña, ni a los líderes y dirigentes que los apoyan tampoco. Ya hasta los inversionistas políticos están incrédulos porque tampoco hay tasa de retorno de su inversión.

A los candidatos esta vez, solo les favorece tener solvencia moral y generar confianza en el elector porque sus antecesores acabaron con la reputación y el prestigio de lo que significa ser alcalde de nuestro pueblo. Tan devaluado está el concepto del alcalde, que un ciudadano rebelde se atrevió a decirme, que el alcalde de un pueblo vale lo que vale un tabaco, nada. Porque se ha perdido la mística, el respeto, la gobernanza, la gestión pública, y hoy solo se reina, pero no se gobierna. Lo peor es que, los municipios en Colombia están hechos para administrarlos entre dos, entre el alcalde y el Concejo municipal. Pero hasta esta corporación edilicia perdió su libreto, por falta de iniciativas propias de los concejales, quienes no encontraron eco ni espacios institucionalizados para el debate y el control político. Tampoco se dedicaron a convertir sus propias iniciativas en acuerdos municipales, sino que quedaron solo para dar facultades y más facultades, poniendo a depender su imagen de la propia imagen del alcalde de turno. San Juan necesita un alcalde con buenos principios y valores, temeroso de Dios y el respeto divino, acompañado de un gran sentido de pertenencia. Que tenga a su pueblo en el corazón y que consulte y escuche a sus consejeros y asesores con respeto y humildad.

Que tenga una causa motivadora y le apueste a su gobierno por alcanzarla.

De igual manera, como Uribe le apostó a la seguridad y Santos a la Paz, San Juan también necesita una bandera de campaña y de gobierno.

Los sanjuaneros necesitamos un alcalde que administre con dignidad y decoro, con prestancia y civismo, apoyado en la objetividad. Que sepa decidir y tenga buena capacidad de interlocución con los otros niveles del gobierno para gestionar recursos. Que tenga buenas relaciones públicas y sus iniciativas las convierta en proyectos de inversión con un banco de proyectos de calidad. Que implemente una red de estructuradores de proyectos que superen por su contenido técnico los Ocad locales y departamentales. Que imponga la moralidad pública en el palacio municipal y se aparte de todo acto de corrupción. Que desarrolle un gobierno abierto, transparente y con acceso para la población más vulnerable. Que no sea alcalde para decir, aquí mando yo, el alcalde soy yo.

Finalmente, que por la misma puerta que entre sea su salida y que el pueblo lo recuerde con gratitud por su obra de gobierno, al dejarnos en un municipio emprendedor y líder en economía naranja.