El carnaval… el desorden mejor organizado del mundo

“Reciban de parte mía, de una manera especial, hoy martes de carnaval desde aquí de la tarima, un saludo muy cordial para toda Barranquilla”

Preliminarmente y por el tema que ocupa nuestra atención hemos, transcrito un aparte de la canción titulada ‘Regalo a Barranquilla’ de la autoría de Diomedes Díaz que la CBS tuvo el acierto de incluir en el LP ‘Fiesta Vallenata’ que salió en el mes de noviembre de 1984 y que sería a la postre la última canción en la cual lo acompañó ‘Colacho’ Mendoza. Han concluido ya las 24 horas de alabanzas que la feligresía con gratitud reserva para ‘La Vieja Mello’ y almidonada y guindada en su clavo esta ya la fina guayabera que con especial esmero bordó para el nene de su madre ‘La aguja de oro’, doña Enilfa Curiel, y ha comenzado ya con todo su esplendor el alboroto carnavalero.

ante el cual, el pueblo trabajador, sufrido y jacarandoso, olvida sus peripecias cotidianas para introducirse en la gozadera, la recocha, el baile y los empolvamientos, es la época cuando la creatividad, la fantasía, y la picardía en todas sus manifestaciones, suspenden de hecho la vigencia de los Códigos de Policía para que el pueblo raso gobernado por sus reinas asuman el control del desorden público.

En día reciente pasado fui gratamente sorprendido en la carretera por un grupo de agraciadas jovencitas que mientras bailaban coquetonamente una canción carnavalera se acercó a la ventanilla de mi vehículo para clavarme sobre la solapa con un grandísimo alfiler, un chicotico de cinta roja como testimonio de mi apoyo a su reinado esta fiesta tradicional mientras ponía frente a mis ojos el perol donde habría de introducir mi modesta contribución a su fiesta, la verdad que un halo de nostalgia abrumó mi corazón, recordé que cuando estaba muchacho -o mas muchacho que ahora- en nuestros pueblos las mujeres encabezadas por la soberana, recogía fondos en la calle precisamente con la imposición de esa cintica sobre la camisa del parroquiano transeúnte, con esa esmerada condecoración desarmaban a cualquier caballero que enseguida se metía la mano al dril.

También vinieron a mi mente ‘Las verbenas’ que organizaban, todo mundo entraba a bailar en los salones de baile y cuando el tipo estaba bien enganchao, jamaquiando a la pareja en el baile llegaba la cuchilla, la organizadora del baile para cobrarle su derecho a seguir bailando, eso hoy lo vemos curioso, exótico y macondiano, pero cuando yo estaba chiquito era normalito, los hombres respetaban a las mujeres, los afectos en esa época no tan pretérita se cultivaban y se recibían no se compraban, y nadie estaba pendiente de sabotearle a los demás su derecho de desordenarse, de bailar, enmaicenarse y corcovear. Imposible olvidar cuando mi prima Amalfi Brito fue la Reina del Carnaval de Monguí, yo no había cumplido entonces más de cinco añitos, y recuerdo con todos los detalles que fui con otros muchachos a ver la fiesta que había en un salón de techo de palma detrás de la casa de Maye Camargo q.e.p.d. y mientras el picó dejaba escuchar con todas sus fuerzas un disco que decía ‘Simón Dame la Pava’ ella permanecía sentada vestida con un traje de baño con multiples ripios -o no sé qué- brillantes que cubrían su cuerpo mientras la gente bailaba y lanzaban polvo por los aires sin que a nadie le diera catarro, esa vaina fue maravillosa.

Tampoco se borra de mi mente cuando el tío Félix Fonseca llegaba en su bus a Mongui, compraba una lata de talco ‘Manta en el hombro’ y el mismo se echaba en la cara y nos echaba a los pelaos, nos embarcaba a todos y nos paseaba a Machoballo donde estaba enamorado de una hija de un señor que llamaban ‘Meño’ y desde que salía hasta que regresábamos era pitanto y diciéndonos “hagan bulla griten muchachos” y nosotros al ritmo de la corneta gritábamos “pipi cotopri…”.

¡Qué vaina, mejor la dejo ahí, todo eso se acabo!