El club de los excluidos

Los seres humanos por razón de sus cualidades personales o por el servicio que prestan, se agrupan para fortalecer la especificidad de su proyección y supervivencia, así es como aparecen los llamados “gremios”: de transportadores, de médicos, de comerciantes, etc. Gremios a los que denomino también “clubes”.

Los sindicatos son los organismos que emergen con la finalidad de amparar y proteger los derechos y promover las obligaciones de agrupaciones concretas de personas que se asocian para obtener un beneficio común.

Entre los múltiples “gremios – clubes”, me detendré en uno muy especial, que está pasando por un momento histórico amargo, displicente y demeritorio; al club que me refiero pertenecen personas concretas: cultas, preparadas, capacitadas, con un promedio mínimo de 7 a 10 años de estudios, con gran experiencia en el manejo de colectividades humanas, que promueven proyectos de desarrollo, animan a todas las etapas del crecimiento humano desde el niño al venerable anciano. Inician su actividad hacia los 25 años y se emplean en su diligencia hasta bien entrada la edad y generalmente terminan olvidados por la sociedad, y la mayoría son alojados en ancianatos en una lamentable pobreza.

Estas personas, que hasta hace pocos años ostentaban en cualquier pueblo el segundo puesto en importancia por su dignidad, hoy día son sujetos de permanente sospecha.

Independientemente del objeto específico de su profesión, son varones en toda la plenitud de la palabra, desnudos igual a cualquier varón con sus atributos masculinos muy bien puestos y en perfecto funcionamiento; no obstante, sufren desprestigio con fuerte discriminación y son los medios de comunicación los que más se han ensañado contra ellos, creando un ambiente pesado alrededor de sus vidas. Estas personas de tal manera son tratados, que se les niega el derecho a ser personas iguales entre personas, se les niega el derecho a ser ciudadanos colombianos de pleno derecho, se les niega el derecho a su privacidad, se les niega el derecho a amar, a ser profesionales, el derecho a tener debilidades como cualquier ser humano. Son desvergonzados si mantienen alguna relación con mujer, son decididamente homosexuales y en cualquier evento los convierten en acontecimientos de seducción sexual; los tildan de ricos, siendo desposeídos con sueldos de miseria; les asignan fama de no hacer nada y con itinerarios de tiempo completo; la mayoría de ellos son personas íntegras e irreprensibles dentro de su profesión; así mismo, también cuentan en sus filas con algún desvergonzado, vicioso, que produce el desprestigio colectivo.

Internamente dentro de la institución a la que pertenecen, poco amparan sus derechos, poco se les acompaña en sus problemas, a veces se les sentencia antes de ser juzgados; desgraciadamente ellos mismos carecen de unidad interna y se les nota más individualizados que agrupados. Esas personas que pertenecen a este club tan exclusivo son como profesionales necesarios, pues hay situaciones que solo ellos están preparados para atender, aliviar, iluminar, animar y consolar.

Hoy por hoy están en el ojo del huracán de los medios, son marginados por la clase política que desconocen el servicio de estos profesionales; en el chismorreo callejero se les despelleja, pasando además de desapercibidos a sospechosos en su integridad de vida y en su privacidad, y uno se pregunta del porqué de ese prejuicio. ¿Por qué carajo tratan así a los curas?