El congo… Chatela y lo que viene

“Yo no sé si sea el primero, pero el segundo no soy, solo sé que mi folclor no es pista de competencia”.

El tema que ocupa nuestra atención trajo a mi mente la canción ‘La Rasquiñita’ de la autoría de Diomedes Díaz, que con su voz y el Acordeón del Consagrado ‘Colacho’ Mendoza dieron a conocer de su público en el LP ‘El mundo’ en el año 1984, última producción de esa exitosa pareja musical.

Acaban de concluir las fiestas carnestolendas y también una nueva versión del Festival de Orquestas y Acordeones en el Carnaval de Barranquilla, queda gente endeudada de los pies a la mollera, los oftalmólogos en bonanza y los cuerpos estropeados como siempre, lo nuevo es la controversia suscitada por el guarapazo que un intérprete de salsa y otros ritmos tropicales le propino a más de un intérprete aguao de la música vallenata, al llevarse, cantando como Dios manda el Congo de Oro representando la música más importante de la República de Colombia.

Respecto del tema hay mucha tela que cortar, partiendo de la especialísima circunstancia que es para preocuparse que un buen cantante, exitoso en otros ritmos acompañado de un acordeonero que lo hizo evidentemente mal se haya llevado el máximo reconocimiento en un evento donde se realizaba un homenaje a la música vallenata, esa vaina es para una profunda reflexión por parte de los intérpretes de la música de Francisco El Hombre.

Con justificada sorpresa y perplejidad leí en redes sociales una publicación titulada por Juan Rincón Vanegas que dice “Histórico e inolvidable homenaje recibió la música vallenata en el Carnaval de Barranquilla”, me parece que no corresponde a la primacía de la realidad que se observó durante el certamen, porque histórica si fue la oportunidad que la organización del carnaval le brindó a la música vallenata para relanzarse, para exhibir su mejor repertorio, para recuperar el terreno que ha perdido como protagonista de esa fiesta tradicional pero que no la supimos aprovechar, primero porque faltaron algunos de los más grandes en el escenario, y segundo porque hubo presentaciones entre los que asistieron que causaron más pena ajena que entusiasmo.

Lo de Fausto Chatela es digno de admiración, porque no es fácil lograr Congo de Oro en Salsa, también lo Ganó al mejor cantante de música tropical alguna vez y ahora cantando vallenatos, pero los de la otra orilla tienen que poner el oído al piso, es decir, hacer lo que este señor les dijo “tienen que pellizcarse”, porque los aplausos así como encarapitan artistas arriba, también se silencian para que los pitos los pidan abajo, estamos a tiempo, tenemos acordeoneros excelentes, y cantantes que tienen mucho que mostrar respaldados por excelentes percusionistas, pero el espacio que ellos no ocupan anótelo, lo están ocupando otros, y que no salgan ahora a justificar las ausencias los unos y las flojas presentaciones los otros con el cuento que “ya el Festival de Orquestas y Acordeones ha perdido importancia”, no, porque Barranquilla es vitrina de nuestra música para el mundo, el festival lo transmiten en vivo y en directo, lo que allí sucede lo están viendo millones de colombianos dentro y fuera del país, si lo dudan, pregúntenle al Fausto que se les creció, cuantos nuevos contratos le amanecieron bajo el sobaco al día siguiente de recibir el Congo; la gente olvidó ya a su acordeonero macujiador, pero de él todo mundo está hablando, porque desde Juan Piña nadie había brincado con fortuna de la salsa al vallenato con semejante palmares, así haya encontrado en tarima como contendores a Chuchito Pérez o al pescuezo de litro, eso para el caso no importa, es cuestión de imagen, de impulso musical y de mostrar lo que se tiene.

Viene a mi mente en este día después de conocer el veredicto del jurado que se están cumpliendo los primeros 46 años desde la gesta conquistadora de Jorge Oñate con Los Hermanos López, cuando contra todo pronóstico produjeron un Cisma en el Festival de Orquestas de 1974, obtuvieron el título de ‘Fuera de concurso’, abriendo definitivamente y de par en par las puertas de ese afamado festival, de allí salió el título de uno de sus mejores trabajos discográficos del cual se recuerdan por recurrentes entre otros Dos Rosas de Freddy Molina, Adiós Amor una elegía de Emiro Zuleta a su esposa, Aracataca espera que fue un memorial de agravios de Armando Zabaleta a Gabo, La Loma, de Samuel Martínez y El Compadre Tomás del maestro Escalona, esa gente cuando subía al escenario, como Los Hermanos Zuleta, Diomedes y El Binomio original, entre otros, se hacían escuchar y se hacían respetar.

Se las dejo ahí, ¡y como dijo Poncho, quien quiera bollo que coja el cuchillo y parta!