‘El Curita’ vega: versos y poesía

El pueblo sanjuanero lloró de desconsuelo sus versos y su poesía, caídos del árbol de la vida, cuando murió Rafael ‘el Curita’ Vega. El pionero de la piqueria en nuestro pueblo.

Quien antes de aparecer Luis Mario Oñate y José Félix Ariza en el escenario, nos hacía vibrar del más caro orgullo por su talento innato para versear, en duelos de cuatro, ocho y diez palabras. Qué bárbaro, decían algunos que recuerdo, ese es una maquina humana de hacer versos, con pico y espuelas como gallos en la gallera, decían. Un gran repentista y amenizador de parrandas, al mejor estilo de Emiliano y Lorenzo Morales, cuando les cayó la gota fría, ese fue Rafa ‘el Curita’ Vega.

Un sanjuanero de la vieja guardia, de ese San Juan de ayer que hacía sus parrandas en los patios, debajo de un palo de mango, al compás de caja, guacharaca y acordeón y una olla de sancocho de gallina criolla al compás de las palmas de los mirones. Tiempos inmemorables de soles de acordeones al amanecer. Fue un hombre orgulloso de su memoria y su estirpe y la rica tradición oral que representaba. Nunca le negó un verso, ni un abrazo a nadie, porque los tenía a flor de labios y con el más mínimo esfuerzo se encontraba con la musa de su inspiración. ‘El Curita’ Vega fue un gran cantador de realidades de la tradición oral Zambranera.

Con su muerte se calló un poeta y se silenció un cantor. Siento pena y dolor en mi alma santropeleña por la muerte de este gran paisano. Sé y así lo siento, que con su muerte, se llevó un pedazo de muchas muertes y un pedazo de muchas vidas de mi pueblo también.

Por la ruta inolvidable de ‘Beto’ Núñez y Mario Mendoza, desde los Calíchales de Chiquillo y la Majagüita, comenzó a rodar caminos con sus cantos, décimas y versos desde Zambrano hasta San Juan.

Como un guardián de la juglaría y con la fuerza de su expresión, fue portador de la musa vallenata que llevó por los confines de la provincia y el Valle del Cacique Upar, con los chistes, cuentos y anécdotas de las realidades del viejo Zambrano. Con su vida personal y musical llenó de encanto, magia y fascinación a quienes lograron escucharlo. Muchas grabadoras Silver de casetes recogieron parte de la producción de su memoria.

Por eso, muchos de sus versos e improvisaciones se quedaron solo en las mentes y los corazones populares que siempre lo recordarán. Por su anecdotario tan versátil y picaresco, sobre las realidades y aconteceres cotidianos, siempre formaba un círculo de curiosos, parranderos y bebedores alrededor de sus versos.

Fue un juglar de esos trashumantes, apreciado y distinguido por los más populares cantautores, por sus versos finos y exquisitos. Según sus propias palabras, garroteaba a los Zuleta cada vez que se le metían. Pero en los últimos aconteceres de su vida, una enfermedad perniciosa, de esas que requieren mucho cuidado, lo mantuvo muy reducido a su vida familiar.

Jamás pensé que era la última vez que compartiríamos, pero me lo encontré por casualidad en el centro comercial Guatapurí de Valledupar en una cafetería. Con una sonrisa en los labios y la efusividad de siempre, me dio un cálido y afectuoso saludo familiar. Cómo están esos versos, primo, qué hay de canciones, le pregunté. Me respondió, oiga primo usted sabe que yo hago mis canciones sobre hechos reales, que me ocurren a mi o a cualquier persona. Yo no sirvo para echar mentiras o cantarle a la mentira o copiarme los dichos y refranes y ponerles melodías. Y eso, es lo que gusta hoy en día. Por eso será, que a mí no me graban ya, remató diciéndome. Pero ahí, están mis versos, dijo además, no sé, sí es que ya pasé de moda, agregó. Era el mismo ‘Curita’ Vega, espontáneo, dicharachero, humilde y sencillo. Ese que después de versear con los más famosos cantantes vallenatos en las frías madrugadas de la caseta internacional, aparecía por cualquier calle de San Juan, verseando con gran lucidez con un temple de racamandaca. Dejando entrever una sonrisa de hombre bueno y orgulloso de su talento. Su facilidad de expresión y la espontaneidad para cantarle a su tierra, al diario acontecer, a la mujer, al talento y a la belleza, lo hicieron grande y reconocido. Porque fue un iluminado por la grandeza de su talento.