El devenir de La Guajira

Para hacer un pronóstico responsable acerca del futuro político, económico y social de cualquier región, es indispensable conocer su pasado.

Los acontecimientos acaecidos en los diferentes periodos de la historia nos permiten hacer un balance del comportamiento de las instituciones y sus relaciones con la sociedad, de tal manera que no resulta imposible predecir con algo de tino cuál será el próximo suceso a materializarse.

Tal ejercicio, debería conducirnos a preparar, desde la perspectiva de un probable futuro, una serie de movimientos que nos permitan continuar con aquello que nos espera cuando las cosas andan bien, o, en caso contrario, cambiar el rumbo de aquello que puede considerarse un futuro nefasto.

En el caso de La Guajira, la situación está trágicamente clara. Sin necesidad de adentrarme en el pasado confuso que todos conocemos, basta observar el presente para pronosticar lo que está por venir.

Nuestra sociedad, liderada por diferentes fuerzas políticas (hoy no tan fuertes), está polarizada. Dicha polarización, que poco tiene que ver con posiciones ideológicas, le ha hecho un enorme daño a nuestro Departamento. Los índices de desempleo, analfabetismo, desnutrición, falta de cobertura en materia de servicios públicos, de salud y de educación, constituyen la consecuencia lógica de unas políticas encaminadas a fortalecer grupos y a debilitar adversarios, sin que se piense, como en cualquier democracia civilizada, en la generación del desarrollo y la productividad que debería beneficiarnos a todos. Un panorama que no cambiará en la medida que quienes tenemos el poder para lograrlo, sigamos haciendo lo mismo, o peor aún, no hagamos nada para cambiarlo.

Las actuales circunstancias, representan una oportunidad de oro para los que de verdad queremos un mejor futuro para el departamento. Más allá de los múltiples eventos y los constantes enfrentamientos que nos tienen en la lamentable situación que padecemos, llegó el momento de pensar en grande y actuar en consecuencia.

Nuestro departamento, como lo he manifestado en columnas anteriores, ha dado hombres y mujeres capaces de despertar nuestro orgullo y nuestra admiración. No me cabe la menor duda de que más de uno tiene el sueño de ver a La Guajira convertida en un territorio de paz y de prosperidad, un departamento en el que quepamos todos, unidos, un lugar en el que la enemistad sea cosa del pasado, en el que las diferencias, en vez de destruir, construyan.

La Guajira necesita sobreponerse a cada uno de los golpes que las circunstancias, las malas decisiones y las mezquindades le han propinado. La Guajira necesita un cambio concreto tanto de su política como de sus políticos. Llegó la hora de pensar seriamente en ella, llegó la hora de que la sociedad y sus líderes, reflexionen en torno a la necesidad de hacer una movida audaz que nos garantice que nuestro futuro inmediato pueda empezar a vislumbrar una guajira próspera, pujante, sana, educada y alegre. La Guajira que merecemos. El devenir de La Guajira no debe ser la de los acontecimientos de hoy donde nos hemos convertido en caníbales de nuestra propia existencia. Los acontecimientos inmediatos que esperan los guajiros es la de un cambio de mentalidad en nuestra actitud y aptitud hacia la tierra que tanto amamos. Siempre al momento de expresar mis opiniones mantengo la coherencia entre lo que escribo y en mis actuaciones en la vida pública. Dios será nuestro norte y nuestro guía en el futuro que se nos avecina.