El Diego de barro

Los únicos seres que no se equivocan son Dios y los animales, Dios porque es omnisciente y los animales porque no piensan, por eso cuando Dios creó al hombre lo dotó de inteligencia para distinguirlo del animal y que así tuviera la capacidad de escoger entre el bien y el mal, es decir, para que discerniera sobre lo bueno y lo malo.

La experiencia no es más que lo aprendido en la vida de lo bueno y de lo malo que vivimos. Las enseñanzas van dejando huellas que nos van marcando para forjar el carácter y definir nuestra personalidad, y dependiendo de lo que decidamos hacer con nuestra vida podemos coger el camino del bien o del mal, o ser buenas o malas personas, pues al fin y al cabo somos el producto de lo que hemos vivido.

Después de la muerte de Maradona se ha escrito de todo sobre el ídolo que construyeron los argentinos, con ese egocentrismo que los caracteriza y que les hace creer que son superiores a los demás humanos; pero no, Maradona simple humano y mortal con sus virtudes y defectos no era distinto ni era inmortal, ni mucho menos Dios como para llegar al extremo de ser venerado y endiosado por sus fanáticos que en su honor –tal vez queriendo inmortalizarlo– fundaron la Iglesia Maradoniana, y compararlo con Dios eso si  ya  es una herejía e ignorancia pura.

No se discute que el Maradona futbolista fue un grande del fútbol, junto a Pelé  y Messi, ídolo mundial, y su nombre quedará grabado en la historia de este deporte por lo talentoso, habilidoso, dueño de una zurda mágica, artista del balón, campeón con Argentina en el mundial 86 de México, gloria del Napoli, y hasta por su sutileza para la trampa al hacer un gol con la mano. Su pase por seis millones de dólares al Barcelona fue en su momento la transferencia más costosa del fútbol.

El Diego de carne y hueso –el ídolo de barro– fue lo que fue su vida. Pobre en su niñez debido a las carencias y privaciones por las que pasó, multimillonario gracias al fútbol que lo saco de esa pobreza y lo llevo a una vida de opolucenca, lujos, fama, dinero, sexo.

Como humano cometió errores, se desvió del camino correcto, cedió ante los vicios, abuso de los placeres, cayó en la droga, que le pasaron factura tanto en lo físico como en su salud, sin embargo sus fanáticos fiel al ídolo que habían creado siempre lo perdonaban porque era el Diego de la gente. Vi por televisión a un hombre que  llegaba al velatorio público caminando de rodillas y al ser preguntado porque  lo hacía dijo convencido de que para él Diego era Dios “y ante Dios de rodillas”.

El éxito, la fama y el dinero empalagan y  necesitan de un equilibrio emocional para ser manejados, tal vez Diego por la forma como vivió su vida se dejó obnubilar por ellos y se equivocó de camino, hizo de su vida lo que quiso pero no actuó con la capacidad para elegir entre el bien y el mal; cierto es también que ningún humano es infalible, y quien no se ha equivocado o pecado que tire la primera piedra, si no somos perfectos.

No juzgo a Maradona porque era un tipo normal víctima de sus debilidades y experiencias negativas que formaron al hombre, y si he de recordarlo será por su grandeza como futbolista no como el “Dios” de los argentinos.