El escapulario carmelita: un signo cultural

Es un utensilio que se tiene el gusto de llevarlo al cuello, expresando así el cariño y el afecto a la Virgen del Carmen. Portarlo es signo de gran cercanía con la persona a quien se invoca con cariño. Portarlo es una forma de decir yo tengo una relación espiritual especial con la Virgen. Portarlo es dar a conocer a los demás que soy una persona creyente. Llevarlo al cuello es manifestar que me siento protegido por la acción maternal de la Virgen. Llevarlo consigo es cargar de energía mi persona, asediada por temores, pero con la seguridad que tengo una protección especial que me cuida, me libra, me protege.

El progreso técnico, el avance de la ciencia, el desarrollo en todos los niveles de la humanidad, las evolucionantes costumbres personales, sociales, mantienen una serie de patrones, que no solamente no desaparecen, sino que permanecen, se incrementan aunque con transformaciones naturales, convencionales y necesarias para que los signos sigan diciendo lo que en sus entrañas poseen.

Los signos, los símbolos, los artefactos de artesanía, son tan antiguos como la misma humanidad. El ser humano es definido por Ortega y Gasset como “el hombre y su circunstancia”. Jamás el hombre puede desprenderse de sus circunstancias, sopena de no existir. El hombre crea sus circunstancias, se expresa a través de sus circunstancias. Y estas definen al agente de su proyección. Las culturas que hoy conocemos y que vivieron miles de años atrás de nosotros, las conocemos por el conjunto de sus circunstancias. Todo lo que las culturas produjeron permiten acercarnos a su historicidad y, no obstante, siguen apareciendo datos y artefactos cuyo sentido sigue siendo para nosotros ignoto, dejando en la penumbra a sus productores. Esto quiere decir que el lenguaje de los signos es elocuentemente fascinante, misterioso. No hay signo sin contenido, su lectura es un adentrarse a las entrañas del pensamiento. Es tocar la sensibilidad de los afectos, es, si es posible desdoblar tiempo, realidad, pasado, presente. Es por esto que frente a hallazgos antropológicos, las ciencias se multiplican para descifrarlos: antropología, sociología, sicología, filosofía, teología, arquitectura, ingeniería…. El ser humano es sencillamente fabuloso, extraordinario. Se prolonga a lo largo de los siglos, de la historia y todo a través de pequeños signos contenidos en artefactos, que una vez descubiertos, se codifican, se almacenan, se guardan, se protegen y se abre un expediente para consignar lo que se descubrió y se dejan las puertas abiertas para futuros descubrimientos.

En la sociedad de nuestros días, esos signos plasmados en artefactos, se producen por millones pues la sociedad de nuestros días es mucho más creativa, mucho más amplia, mucho más multitudinaria. Por ejemplo, los grafitis, son un arte, detrás del cual está el pensamiento, la ideología, la crítica, la agresividad, el exacerbamiento, el enaltecimiento, la honra o deshonra. Otro signo muy querido por la juventud contemporánea son los tatuajes en su cuerpo, lenguaje elocuente de una sociedad que gusta hablar a través de los signos. Y a pesar de la diferencia de miles de años nosotros con los egipcios, con los muiscas, con los mayas y con el resto de civilizaciones presentes o pasadas, mantenemos la misma expresividad: los signos en artefactos.

La TAU franciscana es un signo que hoy portan millones de personas y esa pequeña T proclama la paz, la fraternidad, el entendimiento, el sí a lo intercultural, el no a la cultura de la muerte y de la violencia. El rosario mariano que desgranan diariamente millones de católicos en el mundo entero, con el que se profesa la fe en Jesucristo con todo el recorrido de su vida evangelizadora. La cruz en el pecho de millones de creyentes que habla de dolor, de superación, de reconciliación. En este recorrido académico, afirmamos la validez de ese pequeño signo que se porta al cuello, el escapulario de la Virgen del Carmen, que orgullosamente lucen millones de personas marianas. Es, sigue siendo y será un signo de una cultura religiosa, particularmente mariana, que todos los años se renueva mediante la festividad de la Virgen del Carmen el 16 de julio.