El Estado secuestrado

Por Saulo Aguilar Ocando

Para nadie es un secreto que desde los mismos inicios de nuestra vida como república independiente el Estado, como organización jurídica de la Nación, ha sido secuestrado por un grupo de no más de veinte familias que, ni cortas ni perezosas, se apropiaron de las tres ramas del poder público para su provecho.

Esa hegemonía de la oligarquía andina, liberales y conservadores, solo se vio amenazada en el siglo veinte por el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, quien terminó vilmente asesinado y por el general Gustavo Rojas Pinillas, que ante el desacuerdo temporal entre ellos, que conllevó a una era llamada de la violencia interpartidista, se vio obligado a dar un golpe de estado mientras los ‘Oligarcas’ se reorganizaban para parir un engendro que llamaron ‘El Frente Nacional’, cuyo propósito fue la paridad y la alternancia en el manejo del Estado. Las elecciones presidenciales del año de 1970 las ganó el general Rojas Pinillas, pero, nuestros amigos oligarcas no iban a soltar la ‘Teta’ y aplicando la ya conocida táctica del corte de energía temporal y el toque de queda eligieron presidente a Misael Pastrana Borrero.

 Recientemente apareció en la palestra política el señor Álvaro Uribe Vélez, quien inteligentemente bajo el pretexto de una lucha a muerte en contra de la guerrilla, casi instaura en este lado del mundo una nueva concepción de Estado: El Narco-Para- Estado, su intento se vio frustrado cuando una parte de la oligarquía andina olió sus malévolas intenciones de perpetuarse en el poder no permitiéndole un tercer periodo presidencial consecutivo, desde luego, Uribe los humilló, los arrodilló, pero, al final de su segundo mandato terminó negociando con ellos cediéndoles el poder en cabeza de Juan Manuel Santos.

En las pasadas elecciones presidenciales quedó demostrado que aquellos que detentan el poder tienen una extraña capacidad de acomodarse a las circunstancias y ante la certeza de que lo iban a perder salieron en desbandada, incluso, algunos regalando su apoyo al doctor Duque a cambio de nada, con tal de no permitir que un nuevo grupo de personas, ‘chirretes’ políticos, ni por el putas pudieran llegar al manejo el Estado.

Queda claro que por un lado tenemos una oligarquía esencialmente andina organizada en grandes partidos políticos que siempre han detentado el poder, salvo pequeños intervalos de tiempo que por obligación lo han tenido que compartir, como sucede en este momento histórico con el señor Uribe, por otro lado encontramos grupos dispersos alternativos de ciudadanos agrupados en pequeños partidos políticos de izquierda y de centro izquierda que amenazan esa hegemonía.

En el centro de toda esta locura estamos más de 30 millones de electores que como maricones nos dejamos manipular por una minoría excluyente, pero inteligentísima y siniestra, que utiliza todos los medios para dividirnos y que no dudará un instante, inclusive, en lanzar de candidato presidencial al mismísimo delfín que insinúan los periódicos y revistas con tal de mantener sus privilegios y hegemonía.