El fracking, ¿Sí o no?

El pasado 10 de agosto, más de 40 parlamentarios pertenecientes a todos los partidos políticos, excepto el Centro Democrático, presentaron ante la Presidencia de la Cámara un Proyecto de Ley “Por medio del cual se prohíbe en el territorio nacional la exploración y/o explotación de los Yacimientos No Convencionales (YNC) de hidrocarburos y se dictan otras disposiciones”. El objetivo es prohibir la exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos, cuya formación rocosa demande la técnica del fracking, que no es otra cosa que la fracturación hidráulica porque, demostrado está, existen nexos causales entre esta práctica y la crisis climática.


El proyecto no es de poca monta; mejor dicho, si se me acepta el término, es de mucha monta. Porque significaría, de aprobarse, que nos estamos enrutando en la órbita mundial contra el cambio climático, la transición energética y en últimas, sería entrar en las nuevas tendencias de desarrollo que se cocinan en la humanidad. Sería adaptar un nuevo enfoque del desarrollo. Sería dejar atrás, poco a poco, los combustibles fósiles como el carbón y el petróleo y dedicarnos a nuevas tecnologías fundamentadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenibles y a cumplir efectivamente, porqué no, con las metas del Acuerdo de París, que dicho sea de paso se convirtió en Ley de la República desde 2017.

Es un cambio de era lo que se propone, pero hacia allá vamos. Nadie duda ya del nexo causal entre la explotación de combustibles fósiles y el cambio climático. Pues bien, el proyecto pretende que la explotación de los combustibles fósiles como gas, petróleo y carbón se realice solo en función de generar, en un lapso menor a diez años, las condiciones materiales necesarias para una transición enfocada a cumplir con los compromisos internacionales climáticos. Se entiende que los compromisos solo se adquieren para cumplirlos.


Si de transición energética se trata, no estamos indefensos. Ahí tenemos el alto potencial de la península de La Guajira y de gran parte de la Costa Atlántica para generar la energía solar y eólica que necesitemos sin disminuir un kw de las fuentes hidráulicas. No necesitamos meternos a fracturar nuestros yacimientos a punta de agua, porque el agua la necesitamos para vivir, preferentemente. Y si queremos más datos no hay sino que averiguar cuánto caudal perdió el río Ranchería en los años de explotación que lleva El Cerrejón. Y eso que el método usado no era el fracking.


Es importante el desarrollo del proyecto pero también debe ser importante el seguimiento que le hagamos desde la sociedad civil. Cuál es el aporte de cada parlamentario y qué intereses defiende. Se encasilla con las grandes petroleras defendiendo intereses del capital extranjero o promueve la no conflictividad social, el ambiente sano y el derecho al agua. Esa es la cuestión. Estamos con la salud futura de la gente o estamos con la buena salud eterna de las grandes capitales.


A pesar de lo loable del proyecto, confieso que soy pesimista. A pesar de que más de 40 parlamentarios presentaron la iniciativa, a pesar de que el presidente Duque manifestó en plena campaña que se oponía al fracking, creo que el feroz lobby que se avecina por parte de las petroleras con rentables explotaciones en el país, torcerá el pescuezo de las buenas intenciones y hundirá el proyecto. No sería la primera vez que se impusiera el criterio de quienes también financian las campañas presidenciales y tampoco sería la primera vez que se dejan de cumplir los compromisos internacionales. Ojalá pase de las comisiones constitucionales y llegue a plenaria para desnudar las intenciones de cada quien. ¡Ojalá!