El más importante elefante blanco

Recientemente reseñé la incidencia del proyecto Cerrejón. Estropicios de igual o mayor cuantía están por replicarse de no ejecutarse el hasta ahora malogrado proyecto Ranchería; y de subsistir irregularidades detectadas anticipadamente en proyectos renovables en ejecución en el área del Resguardo Indígena de la Alta y Media Guajira. Las tres iniciativas poseen la singularidad de aquiescencia y/o participación directa del nivel central. De confirmarse anomalías vislumbradas en los dos últimos, el gobierno pierde legitimidad para cuestionar despilfarro, ineficiencia, impertinencia y demás asuntos negativos detectados con recursos de regalías en entidades territoriales municipales y departamentales. Venalidades locales con dichos recursos son verídicas, incuestionables. Pero confrontando y evaluando consecuencias de los magnos proyectos con injerencia del nivel central en su diseño y ejecución; la impertinencia, externalidades sociales, económicas, culturales negativas, y la chambonería y malversación, superan de lejos, por goleada, a aquellos. Con el agravante que los impactos ambientales cuya responsabilidad le cabe en todos los casos al gobierno, cuantificados alcanzarían valores colosales.

El proyecto Ranchería a pesar de incontables panegíricos ostenta el título de elefante blanco. Actualmente afecta alrededor del 10% de la población del departamento. Las costosas, inútiles e ineficientes obras constituyen el mayor monumento al despilfarro en la historia local. Ha empeorado la situación de comunidades indígenas y campesinas ubicadas al borde de la cuenca.

El Centro de Estudios de Investigaciones Ambientales previno ausencia de precisión sobre riesgos para estabilidad del embalse, falta de atención a territorios excluidos como área de influencia directa. Recomendó: estudio de potenciales impactos ambientales, socioculturales, económicos y procesos de desplazamiento. Corría el año 2005, el gobierno de turno omitió estas y otras recomendaciones, declaró al proyecto de “importancia estratégica”. Pero no aplicó ese criterio para garantizar al futuro recursos presupuestales y financieros al proyecto hasta su culminación.

La ejecución de obras del proyecto Ranchería ha adolecido otras falencias técnicas comenzando por las asociadas con el lavado del túnel de desvío, y las consecuencias ictiológicas. El llenado prematuro del embalse como consecuencia del Fenómeno de la Niña colmado en 4 meses y no en dos años pronosticados. La impreparación de los ejecutores originó impactos ambientales y socioeconómicos. La construcción se tradujo en disminución del caudal de aguas superficiales y subterráneas intensificando la sequía en territorios indígenas y campesinos.

Las comunidades indígenas del entorno apegadas a creencias, usos y costumbres se opusieron desde el principio. Su cosmovisión fundada en criterios lógicos considera al río un ser vivo, el agua circula como sangre por las venas, de manera que la construcción de una presa se me jala estrangulación del río. Los resultados contemporáneos les conceden razón. Los lugares históricos para invocar bienestar comunitario y establecer estrecha conexión con sitios mágicos y fundamentales en su cosmovisión como la Sierra Nevada y el mar, y los espacios sagrados y de pagamento fueron inundados. En general se impactaron elementos etnográficos de comunidades Wiua, Kogi, Arhuacos y Kankwamos. Para los Wayuú el Ranchería es un bien común y organizador territorial. No obstante, ellos y campesinos aledaños no se opusieron, visualizaron oportunidad para mejorar condiciones de subsistencia. Procesos de privatización del agua del río, complementados por la incertidumbre del futuro del proyecto ceden paso al desencanto y frustración.